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Vivir con dolor

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Dios tiene un propósito cuando permite que usted sienta dolor, pero es un propósito amoroso.

¿Tiene algún dolor en su vida en este momento? ¿No le gustaría que desapareciera? El dolor es nuestro enemigo, ¿no le parece?

Bueno, en realidad no. Una de las características de algunos tipos de lepra es que la persona pierde la sensación en las extremidades, en los dedos de las manos y lo pies. Cuando los nervios mueren, no se siente nada. Como sabrá, los receptores de dolor son el sistema de alerta del cuerpo. Por lo tanto, los mensajes de dolor indican que algo anda mal, que hay que tratar algo de inmediato o, de lo contrario, habrá un daño o destrucción de tejidos, huesos u órganos. De esta forma, los mensajes de dolor ponen de manifiesto un problema y exigen un cambio en alguna parte.

De la misma forma, Dios tiene un propósito cuando permite que usted sienta dolor, pero es un propósito amoroso. ¿Cuál se supone que sea esa propósito?

El Dolor Hace que Mi Pecado sea Incómodo

Por mucho que quisiera culpar a otras personas por mis problemas, e incluso a Dios, tengo que admitir que parte del dolor que padezco en mi vida es auto infligido. ¿Y usted?

¿El dolor que en la mañana le martilla la cabeza por causa de la resaca le dice que fue una estupidez haber bebido tanto la noche anterior? ¿Su matrimonio se está agriando por malas decisiones de su parte? ¿Alguna vez ha perdido un trabajo por su descuido o arrogancia? ¿Está arruinado por sus gastos fuera de control? ¿Ha tratado de tomar atajos pecaminosos para llegar a la felicidad y ha salido chamuscado?

El pecado nunca satisface a largo plazo. Puede que Satanás se ocupe de que el pecado produzca un estallido de emoción a corto plazo, pero tarde o temprano llega el dolor; el dolor que exige que haya un cambio en algo. Solemos pensar que todo dolor es malo, pero Dios piensa que el dolor es bueno si nos enseña cosas que tenemos que aprender y si ablanda una cabeza dura y un corazón duro.

El rey David se hizo daño muchas veces en su vida, pero aprendió algunas lecciones valiosas y las comparte con nosotros. En el Salmo 38:5, 15 escribió: “Por causa de mi necedad, mis heridas se pudren y apestan. Yo espero de ti, Señor y Dios mío”.

Oiga, ¡despierte!

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