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Vigilando el rebaño

Description

Cada mujer es la administradora de las cosas que Dios ha depositado en sus manos, empezando por sus hijos.

“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños”, Proverbios 27:23

Todas somos guardadoras de algún tipo de tesoro valioso, sea éste nuestra familia, nuestros hijos, nuestra congregación o nuestra vida personal. Quizás también seamos supervisoras de algún negocio. Pero de lo que debemos ser vigilantes, es de los valores morales y espirituales que debemos conservar y transmitir a las próximas generaciones como forma de mantener la pureza e integridad de la sociedad.

Cada mujer es administradora, en un sentido u otro, de las cosas que Dios ha depositado en sus manos. El Salmo 125:3 dice: “Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. El verso nos enseña que nuestros hijos son un préstamo de Dios y que es responsabilidad nuestra instruirlos en el conocimiento de su Palabra, ya que llegará el día en que Dios nos pedirá cuentas.

Isaías 58:12 nos dice: “edificará sobre las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. ¿Ves como nosotras, como pueblo de Dios, estamos llamadas a edificar y poner los cimientos morales y espirituales para cada generación?

Somos constructoras, reparadoras y restauradoras de caminos con el fin de que multitudes puedan pasar a abrazar el conocimiento del Dios verdadero. Y de manera particular, también somos veladoras del estado espiritual de nuestras familias e hijos. Tenemos que velar por su salud espiritual dándole seguimiento a cada uno, porque Dios los ha depositado como un tesoro bajo nuestro cuidado.

Ahora bien, ¿cuál debe ser nuestra actitud ante esta magna responsabilidad? Salomón nos trae un sabio consejo: “Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños”. La versión popular de ese proverbio es “el ojo del amo engorda al caballo”. Eso significa que el cuidado minucioso y diligente del gerente de la empresa, sea familiar, empresarial, o espiritual, siempre se traducirá en el bienestar y la salud de aquellos que están bajo su responsabilidad.

Es tan fácil descuidarnos y tornarnos perezosas en el cumplimiento de nuestras tareas, lo cual sucede con frecuencia porque asumimos que todo está bien, que siempre han sido así, que no es tan grave, y porque pensamos que el Señor se va encargar de traernos la mágica solución.

Si bien es cierto que Dios ha prometido asistirnos con su gracia, no es menos cierto que Él se deleita más cuando puede ayudarnos en el contexto de nuestra diligencia y responsabilidad. El versículo es enfático cuando dice: “Sé diligente… y mira con cuidado”. Dios no ha prometido bendecir nuestra negligencia, descuido y falta de interés e involucramiento. Él requiere que sus administradoras sean halladas fieles y diligentes (1 Corintios 4:2).

Hay promesas bellas en las Escrituras para quienes con solicitud atienden, miran y se involucran activamente en conocer el estado de su rebaño. No esperemos que nuestro rebañó vaya mal para luego empezar a reparar; seamos proactivas y no reactivas. Pasemos balance cada cierto tiempo sobre la condición y la salud de las ovejas bajo nuestro cuidado, para que el “Gran Pastor de las Ovejas” no tenga nada qué señalarnos y se sienta feliz y satisfecho porque hemos cumplido nuestro trabajo con dedicación y esmero. En el tiempo oportuno recibiremos su alabanza.

Oración: Padre, gracias por exhortarme a cuidar de mi rebaño con el mismo esmero que tú cuidas del tuyo. Procuraré diligentemente conocer el estado de mis ovejas. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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