Viento y Espíritu

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Existen muchas similitudes entre la forma en cómo obra el viento y cómo lo hace el Espíritu Santo. Aquí hay cuatro de ellas.

“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”, Juan 3:8

En la Biblia la palabra griega “Pneuma” se usa tanto para viento como para Espíritu. Quizás el juego de palabras que encontramos en este verso viene porque, a luz de lo expuesto por Cristo en Juan 3:3-8, existen muchas similitudes entre la forma en cómo el viento obra y cómo lo hace el Espíritu Santo. Recordemos que Jesús estaba conversando con Nicodemo, un fariseo maestro de Israel al que Jesús había dicho tres veces sobre la necesidad de “nacer de nuevo”, o lo que es igual, “nacer del Espíritu”. Noten que hablando del viento, Él le dice: “Así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Esto nos indica que existen similitudes para relacionarlos.

En primer lugar, así como “el viento sopla de donde quiere”, es decir, que es libre y nadie puede restringir su movimiento ni programar su dirección, de la misma manera el Espíritu Santo es soberano en su accionar. Él actúa libre y soberanamente cuando determina regenerar el corazón de una persona. Él lo hace cuando quiere, como quiere, y en el tiempo que Él quiere. El énfasis recae en “su Voluntad soberana como el viento” y no en la nuestra.

La segunda relación existente es que, aunque no podemos ver el viento invisible pero podemos sentir sus efectos perceptibles porque “oímos su sonido”, dice Cristo que de esa misma manera aunque no vemos el Espíritu, podemos percibir el efecto de su obra realizada en nuestros corazones: renovándolos, santificándolos y transformándolos para que ahora sirvamos al Dios vivo. No vemos el viento, pero podemos escuchar su sonido, sentir la presión sobre nuestra piel, ver su acción sobre las ramas de los árboles, etc. De esta forma es como el Espíritu hace su obra de regeneración; no lo podemos ver, pero sentimos sus efectos santificadores en nuestras vidas.

En tercer lugar, dice Cristo que “Mas ni sabes de dónde viene”. Esto enfatiza que no controlamos el movimiento del Espíritu, ni lo originamos, ni mucho menos lo podemos predecir. De la misma forma que no sabemos cómo, cuándo, ni de dónde sopla el viento, de esa misma forma el accionar del Espíritu es un misterio que no comprendemos completamente. Sabemos que Él hace su obra efectiva porque su trabajo está ahí en nosotras, pero ignoramos exactamente cómo.

Por último, el texto dice: “Ni sabes a dónde va”. Eso significa que, así como no podemos determinar su origen, tampoco podemos determinar su destino. El Espíritu es libre, soberano en voluntad. Él viene cuando quiere y va a donde quiere, como el mismo viento. Así que la idea del texto es que el Espíritu es libre, soberano y misterioso en su accionar, que tiene voluntad propia y actúa según sus propias leyes espirituales, y no conforme a nuestra voluntad humana. Así es Dios y así mismo trabaja en nuestra vida; de manera soberana, poderosa y misteriosa, pero eficaz.

Oración: Gracias Señor porque tú eres Dios soberano. Gracias porque no te conformas a ideas e imágenes preconcebidas de hombres. Sobre todo gracias porque de manera incomprensible te has hecho comprensible a nosotras. Úsame y transfórmame conforme a tu voluntad. Por Cristo, amén.

Por Carmen García de Corniel

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