Venid pecadores, pobres y necesitados…

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Crecer a través de la oración significa más que pronunciar la adecuada frase de “por favor y gracias”.

“Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” – Salmo 51:2

“Cuanto más maduro es un creyente, más propenso está a abrir su boca en una expresión de alabanza y hacer, antes de todo, una confesión de su propia indignidad” – John MacArthur

No sé cómo la oración ha sido modelada en tu vida.

Tal vez creciste recitando simples oraciones como “ahora me voy a dormir”, o tal vez tu trasfondo es más litúrgico en naturaleza. Algunas de ustedes tuvieron padres que modelaron oraciones de corazón en el hogar desde antes de que pudieran hablar, y tal vez algunas de ustedes fueron expuestas a esta disciplina espiritual mucho más tarde en la vida.

He escuchado muchas oraciones ser ofrecidas a Dios en mis 42 años, pero no hay una oración más preciosa que la oración honesta de un pecador que confiesa humildemente su gran necesidad de ser limpiado.

“Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado.  Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.” – Salmos 51:1-4

Mientras estemos aquí en la tierra, ¡oh cómo nuestro pecado siempre estará ante nosotros!

Es tentador modelar nuestras oraciones a través del mundo en el que estamos inmersas – donde es más cómodo ofrecer la belleza y el éxito, que venir al frente con nuestros líos enterrados en lugares oscuros y ocultos. Nos hemos entrenado a nosotras mismas para ponernos nuestro traje de domingo y publicar las partes más favorecedoras y filtradas de nuestras vidas. Aparecemos, sonreímos a pesar del dolor, y saludamos a otros creyentes con cumplidos y la habitual frase “Estoy muy bien”, cuando en realidad hay toda clase de mal y de malestar acechándonos en nuestro interior.

“Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado. Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti.” – Salmos 51:7-13

Pero crecer a través de la oración significa más que pronunciar la adecuada frase de “por favor y gracias”. Esto significa que cuanto más sabemos, experimentamos y abrimos la boca para comunicarnos con un Dios santo, más conscientes somos de cuán indignos somos.

Así que vengan pecadores. Vengan todos.

No hay necesidad de poner cara de valientes. Él ya conoce tu corazón.

No hay necesidad de fingir que puedes manejar estas cosas por tu propia cuenta. Corre al único que puede.

Reconoce la carga de tu pecado y humíllate, y confiesa tu gran necesidad de ser lavada y limpia. Él es fiel para perdonar y limpiarnos.

Ora y adora a Aquel que te lavó y te hizo más blanca que la nieve… y luego dile al mundo que no hay nada que Jesús no pueda redimir.

Venid, cansados ​​, cargados,

Perdidos y arruinados por la caída;

Si esperamos hasta estar mejor,

Nunca vendrán en absoluto.

{Vengan pecadores – Joseph Hart, 1759}

“El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.” – Salmos 51:17

Si esperas hasta que estés mejor, nunca vendrás…

Por Whitney Daugherty

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