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Vanidad vs. sabiduría

Description

Ante la falta de sentido que puede tener la vida humana, Dios envía a Jesucristo, quien viene a nuestro mundo como Rey y Salvador y nos llama al reino de Dios.

¡Vanidad de vanidades! ¡Vanidad de vanidades!  ¡Todo es vanidad! —Palabras del Predicador… Yo soy el Predicador, y reiné sobre Israel en Jerusalén. Me entregué de corazón a investigar y a estudiar minuciosamente todo lo que se hace bajo el cielo. Este penoso trabajo nos lo ha dado Dios, para que nos ocupemos de él. Por lo tanto, escudriñé todo lo que se hace bajo el sol, y pude darme cuenta de que todo es vanidad y aflicción de espíritu… Aborrecí también el haber trabajado tanto bajo el sol, pues todo lo que hice tendré que dejárselo a otro que vendrá después de mí. ¿Y cómo saber si será sabio o necio el que se quedará con todos mis trabajos y afanes, a los que tanto trabajo y sabiduría dediqué bajo el sol? ¡También esto es vanidad! El desánimo volvió a dominar mi corazón al ver todos mis afanes y trabajos, a los que tanta sabiduría dediqué bajo el sol: ¿Tener que dedicar sabiduría, conocimientos y rectitud, para luego dejarle el fruto de su trabajo a quien nunca se lo ganó? ¡Eso también es vanidad, y un mal muy grande! ¿Qué saca uno de tanto trabajar y fatigarse y afanarse bajo el sol? ¡Todo el tiempo es de dolores, trabajos y molestias! ¡Ni siquiera de noche encuentra uno reposo! ¡Y esto es también vanidad!  – Eclesiastés 1:2, 12-14; 2:18-23

En el libro de Eclesiastés, Salomón convierte su gran sabiduría en considerar la vida humana "bajo el sol", en la vida todos los días, buscándole significado y valor a las cosas que hacemos. Pero se decepciona. No importa lo que hagamos, eventualmente morimos y el fruto de todo el arduo trabajo será disfrutado por otro. A esto lo llama de vanidad.

Salomón tiene razón, ¿no es cierto? Lo vemos todos los días. Alguien invierte años en un negocio que de golpe desaparece durante una recesión. O dedica su vida a cuidar de su familia, para perderla en un horrible accidente. Un joven estudia durante veinte años y se encuentra con que no hay sueldo que alcance para pagar las cuentas. Incluso la vida más feliz termina con la muerte. Esto lleva a Salomón a la desesperación: "¡Vanidad de vanidades!", dice, "¡Todo es vanidad!”. Nada dura para siempre, nada vale la pena; Salomón no tiene una buena respuesta para todo esto.

Pero Dios sí. Ante la falta de sentido de la vida humana Dios envía a Jesucristo, quien viene a nuestro mundo como Rey y Salvador y nos llama al reino de Dios. Con su muerte y resurrección, Jesús destruye el poder de la muerte. Ahora tenemos un futuro que esperar. Como dice Pablo: “Si nuestra esperanza en Cristo fuera únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres; pero el hecho es que Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primicias de los que murieron… Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: en primer lugar, Cristo; y después, cuando Cristo venga, los que son de él. Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino al Dios y Padre… Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies, y el último enemigo que será destruido es la muerte." (ver 1 Corintios 15:19-26).

ORACIÓN: Padre, ayúdame a retener la esperanza en Jesucristo, tu Hijo. Amén.

Para reflexionar:

1. La mayoría de nosotros tendemos a preocuparnos. ¿Qué crees que logras con preocuparte?

2. ¿Cómo puedes hacer para ocuparte en vez de preocuparte?

Por: Dra. Kari Vo

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