¿Usted realmente cree?

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Patricia Holbrook nos reta a elevar nuestra vida de oración a otro nivel, creyendo que Dios no puede retractarse de Sus promesas.

Pasaje: Hechos 12: 1-18

Versículo Clave: “Y ellos le dijeron: estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!” (v.15). 

"¿Puedes creerlo?"

No era la primera vez que le hacía esa pregunta a mi esposo en una situación similar. Algo extraordinario había sucedido y otra oración había sido contestada a tiempo. Dios se reveló a última hora de nuevo. No debería estar sorprendida. Esto ha sucedido muchas veces durante mis dos décadas de Cristiana. Sin embargo, me hallo haciendo la misma pregunta tonta una y otra vez: “¿Puedes creerlo?”

Mientras leía el relato de Pedro al ser liberado de la cárcel durante mi tiempo de meditación esta mañana, recordaba que la iglesia primitiva luchó con la misma fe vacilante que con frecuencia invade nuestra vida de oración.

Los creyentes se habían reunido para orar. Habían estado clamando a Dios, pidiéndole libertad para su amado líder quien estaba en la cárcel. Mientras tanto, Dios contestaba sus oraciones y las cadenas de Pedro caían al piso mientras el ángel de Dios le liberaba. Él corrió inmediatamente a la reunión, ansioso de encontrarse de nuevo con sus amigos. Rode, la joven que salió a la puerta, se regocijó tanto al ver a Pedro que le dejó parado afuera. Mientras corría a decirle a los otros la gran noticia, ella era catalogada como loca. “¡Estás loca!” Y, sin embargo, ella insistía que era verdad: “¡Es su ángel!”

Cuando ellos finalmente decidieron verificar por sí mismos, “Ellos estaban asombrados”, describe Lucas.

“¿Puedes creerlo?” “¿Realmente?” “¿Estás bromeando?”

Nuestra respuesta a oraciones contestadas es muchas veces la prueba del poco crédito que le damos a la fidelidad de nuestro Dios – y al poder de la oración.

Como parte de un grupo guerrero de oración, recibo peticiones de oración diariamente. Necesidades pequeñas y grandes son compartidas, desde estrés financiero hasta enfermedades terminales. Oramos a diario por lo difícil y lo imposible.

Mientras presento mis oraciones a Dios, con frecuencia me pregunto: ¿Yo oro reconociendo el poder de Dios y su deseo de contestar… u oro por costumbre?

Mejor aún, ¿entiendo totalmente a quién le oro?

Él, quien creó las estrellas… Él cuenta cada cabello de la cabeza de aquella abuela tan querida, aún si se caen por causa de la quimioterapia.

Él, quien sanó al ciego y al cojo… Él está también con ese niño de 11 años, aún cuando una infección terrible pareciera apoderarse de su cuerpo tan joven.

Él, quien dividió el Mar Rojo… Él también consolará y abrirá camino para aquella joven, aún cuando su esposo la abandonó durante su batalla con el cáncer.

Él, quien hizo que la estéril Sara diera a luz al hijo prometido… Él también le dio sus hijos prometidos a tres de mis queridas amigas… por medio de adopción o concepción milagrosa.

¿Usted entiende totalmente a quién le ora?

Él, quien resucitó a Lazaro y a Tabata de la muerte. Quien movió la piedra al tercer día y venció la muerte y el Hades. Él es el mismo que puede levantar a un matrimonio de las cenizas. O sanar una enfermedad terminal. O proveer para cada necesidad de sus hijos.

El mismo que descendió como lenguas de fuego, derramando Su Espíritu a los creyentes en Pentecostés. Quien envió el mismo Espíritu a Cornelio y su familia, comenzando el movimiento Pentecostal que trajo redención a gentiles como yo… Él también puede llevar a su ser amado a los pies de Cristo.

¿Entiendo? ¿Entiende?

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”, Hebreos 11: 6

Hoy estoy retada a elevar mi vida de oración a otro nivel.

El Dios que me prometió una larga y fructífera vida nunca ha mentido ni puede mentir. Por lo tanto, no debo temer y pensar que el cáncer que Él curó hace dos años regresará.

El Dios que prometió proveer para todas mis necesidades nunca ha fallado y nunca fallará. Por lo tanto, no me preocuparé por el día de mañana. Él proveerá los recursos para hacer que cada paso que tomo bajo Su voluntad prospere.

El Dios que me prometió que nunca me dejaría ni me abandonaría no puede retractarse de Su promesa. Él está conmigo, aún en la hora más oscura.

Quiero agradarle. Y quiero continuar viendo Su fuerte mano liberándome, sanándome, proveyendo. Por lo tanto, elijo llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, el que prometió y quien siempre cumplirá.

No debemos temer. O luchar. O desesperarnos.

No debemos dudar.

Nosotros somos los que estábamos en esa pequeña reunión en un sótano, orando por Pedro, debemos abrir esa puerta, esperando, y arrodillándonos en alabanza y adoración total.

Que nuestra reacción a la oración respondida sea de agrado a Su corazón. Que siempre sea: “¡Sabía que Él lo haría! ¡Lo sabía!”

Versículos para Meditar:

“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo”, 2 Corintios 10:5

“Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”, Mateo 17:20

“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” Mateo 6:25-34

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