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Usted es el templo de Dios (Parte 23)

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El problema de las drogas no es sólo un asunto de legalidad, sino de obediencia y control.

Las drogas

Los químicos y los farmaceutas han abierto mundos nuevos en la experiencia humana. Cosas que Pablo y Silas no hubieran podido imaginar como píldoras, cápsulas de gel y medicinas intravenosas, están hoy al alcance de todos.

Algunas son legales, otras ilegalmente sintetizadas. Unas, cuando se usan por prescripción, pueden hacer mucho por el bienestar de una persona. Otras, ofrecen emoción momentánea, pero causan mucho daño a largo plazo a los cuerpos humanos que Dios creó y sigue reclamando.

Aunque usted se preocupe mucho por su templo del Espíritu Santo, va a ser tentado a tomar atajos para sentirse bien. Las drogas, legales o ilegales, son uno de ellos. Si una droga es ilegal, eso la excluye para un cristiano. Dios nos llama a obedecer las leyes. Pero incluso las drogas legales pueden ser mal utilizadas y dar lugar a daños en los tejidos y a adicciones destructivas.

El problema real es que la gente le da más valor a sentirse bien que a hacer lo correcto. Pablo dice: “Muchos… son enemigos de la cruz de Cristo. El fin de ellos será la perdición. Su dios es el vientre, su gloria es lo que debería avergonzarlos” (Filipenses 3:18,19).

Al tomar decisiones sobre el uso de drogas, pregúntese lo siguiente: ¿Es bueno para mi templo? ¿Lo aprobaría mi Creador y Redentor?

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