Uno en Cristo

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La unidad que compartimos con otros creyentes es un don del Espíritu Santo y una respuesta a la oración de Jesús.

¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen perfume que resbala por la cabeza de Aarón, y llega hasta su barba y hasta el borde de sus vestiduras. – Salmo 133:1-2

La receta se da en las Escrituras. Dios le dio al pueblo de Israel instrucciones detalladas sobre el aceite que se debía usar para consagrar la tienda de reunión, sus utensilios y suministros, y en la unción del sumo sacerdote Aarón y sus hijos. La lista de ingredientes contiene mirra, canela de olor dulce, caña aromática, casia y aceite de oliva, todo en cantidades específicas. Era un aceite sagrado y precioso, que nunca se vertía sobre el cuerpo de una "persona común" (ver Éxodo 30:23-33).

Así de preciosa es la unidad entre el pueblo de Dios. Tal unidad es una bendición rica y desbordante, como el aceite de unción que resbalaba por la cabeza de Aaron y llegaba hasta su barba y su ropa. Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, oró por ese tipo de unidad entre sus seguidores, pidiéndole al Padre Celestial que los cuidara en su nombre y que fueran uno, así como él y su Padre son uno (ver Juan 17:11).

Así es que estamos unidos y ungidos, pero no con aceite: en el bautismo hemos sido ungidos por el agua, la Palabra y el Espíritu. La Biblia dice: "Por un solo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, tanto los judíos como los no judíos, lo mismo los esclavos que los libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (1 Corintios 12:13). Los miembros que formamos el cuerpo de Cristo hemos sido dispuestos por Dios para el bien de todos. Como miembros de este cuerpo, debemos cuidarnos unos a otros con el amor y el sacrificio abnegados que Cristo, nuestra cabeza, tiene para nosotros. Si un miembro sufre, todos los miembros del cuerpo sufren; si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan en el honor.

La unidad que compartimos es un don del Espíritu Santo, una respuesta a la oración de Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote. Hay veces en que la unidad que disfrutamos se debilita porque dejamos de caminar en amor como Cristo lo hizo. Pero, en la medida en que nos perdonamos unos a otros y compartimos de manera abierta, visible y gozosa el amor que nos une en Cristo Jesús, esa unidad vuelve a ser buena, agradable y tan preciosa como el rico aceite de unción que fuera derramado sobre la cabeza de Aarón.

ORACIÓN: Señor Jesús, perdónanos cuando no vivimos en la unidad a la que hemos sido llamados y guíanos a vivir en la unidad buena y placentera a la que nos has llamado. Amén.

Por: Dra. Carol Geisler

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