Una pregunta personal

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¿Estás seguro de que Jesús es realmente tuyo y que tú eres realmente de él?

Alguien le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Y él respondió: «Hagan todo lo posible para entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán hacerlo. En cuanto el padre de familia se levante y cierre la puerta, y ustedes desde afuera comiencen a golpear la puerta y a gritar: “¡Señor, Señor; ábrenos!”, él les responderá: “No sé de dónde salieron ustedes.” Entonces ustedes comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido en tu compañía, y tú has enseñado en nuestras plazas.” Pero él les responderá: “No sé de dónde salieron ustedes. ¡Apártense de mí todos ustedes, hacedores de injusticia!” Lucas 13:23-27

¿Alguna vez has notado que Jesús raramente contesta las preguntas que le hacen? Aquí, por ejemplo, alguien le pregunta: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?" Es una pregunta sobre números. Pero rápido como un relámpago, Jesús vuelve a plantearla en una forma muy personal: "Hagan todo lo posible para entrar por la puerta angosta". En otras palabras, está diciendo: “Los números no importan. ¿Qué hay de ti? ¿Vas a estar entre los salvados? Esa es la pregunta en la que deberías estar pensando”.

Y continúa describiendo personas como nosotros que de alguna manera fallaron, personas cuya relación con Jesús permaneció en el reino teórico durante demasiado tiempo, hasta que se cerró la puerta y se perdió la oportunidad. Luego, cuando finalmente piden entrar, Jesús les dice sinceramente que no sabe de dónde vienen. ¿Quiénes son? Bueno, le dicen que él debe conocerlos. Después de todo, "Hemos comido y bebido en tu compañía, y tú has enseñado en nuestras plazas".

Qué forma más extraña de decirlo, ¿no es cierto? No dicen: "hemos comido y bebido contigo", como si compartieran una mesa con Jesús como amigos; o, “tuvimos nuestra pequeña cena mientras estabas pasando por ahí”. NO, le dicen: "tú has enseñado en nuestras plazas", no en nuestros hogares, no para nuestras familias, sino afuera, junto con todos los otros ruidos de la calle que no significaron nada para nosotros. ¡Qué cosa más aterradora para admitir! No conocen a Jesús, por lo que él no los conoce a ellos.

Así no tenemos que ser nosotros. Nunca deberíamos ser así, porque el Espíritu Santo nos ha traído a la fe en Jesús, nos ha llevado a través de la puerta angosta a comer y beber el cuerpo y la sangre de Jesús en su propia mesa y a escuchar su enseñanza en su propia casa y la nuestra. Jesús no es nuestro Salvador teórico de "algún día": Él es quien ya ha dado su vida por nosotros cuando murió en la cruz, y quien resucitó de los muertos para darnos una vida nueva y eterna. Jesús nos ha llamado a sí mismo y da la bienvenida a todos los que confían en él.

ORACIÓN: Querido Dios, acércanos cada vez más a Jesús, y permite que tu Espíritu Santo viva siempre en nosotros. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Qué significa conocer realmente a alguien?

2. ¿Cómo puedes estar seguro de que Jesús es realmente tuyo y que tú eres realmente de él?

Por: Dra. Kari Vo

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