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Una oportunidad perdida

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Muchas personas estuvieron frente al Hijo de Dios y no aprovecharon la oportunidad. Que no te pase lo mismo.

Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió a éste, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. Herodes se alegró mucho al ver a Jesús, pues hacía tiempo que deseaba verlo, ya que había oído hablar mucho acerca de él, y esperaba verlo hacer alguna señal. Pero aunque Herodes le hacía muchas preguntas, Jesús no respondía nada. También estaban allí los principales sacerdotes y los escribas, los cuales lo acusaban con extremado apasionamiento. Entonces Herodes y sus soldados lo humillaron y se burlaron de él, y lo vistieron con una ropa muy lujosa, después de lo cual Herodes lo envió de vuelta a Pilato. – Lucas 23:7-11

Pilato estaba tratando de quitarse la responsabilidad de tratar con Jesús, por lo que lo envió a Herodes. El rey Herodes vio a Jesús personalmente. ¡Qué oportunidad! Tenía en su corte, delante de él, al mismo Dios encarnado, al Salvador del mundo.

¿Qué le preguntaría Herodes? Herodes tenía cualquier cantidad de problemas que podría haber presentado ante Jesús. Primero y principal: había sido el responsable de la muerte de Juan el Bautista y tenía mucha culpa y miedo por ello, porque sabía que Juan era un hombre santo.

También tenía otros problemas, como cómo lidiar con su matrimonio ilícito con su sobrina Herodías, o podría haber sacado a relucir su miedo a lo sobrenatural, o sus complicados problemas familiares. Sin embargo, desperdició su tiempo con Jesús intentando que hiciera un espectáculo de milagros. Y cuando Jesús no lo hizo se burló y lo maltrató, y lo mandó de regreso a la corte de Pilato. Herodes perdió su oportunidad.

El apóstol Pablo nos insta a no cometer el mismo error, diciéndonos: “Les rogamos a ustedes que no reciban su gracia en vano. Porque él dice: ‘En el momento oportuno te escuché; en el día de salvación te ayudé.’ Y éste es el momento oportuno; éste es el día de salvación” (2 Corintios 6:1-2).

Ahora es el momento de presentarle tus cosas a Jesús. Él siempre está dispuesto a escucharte y ayudarte. Deja que te libere de lo que sea que te oprime. Él te ama.

ORACIÓN: Querido Salvador, por favor ayúdame con los problemas que pesan en mi corazón. Amén.

Para reflexionar:

- Cuando tienes cargas pesadas, ¿cómo lidias con ellas?

- ¿De qué te gustaría hablar ahora con Jesús?

Por: Dra. Kari Vo

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