Un tesoro de amor paternal

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Como hijos del Dios Altísimo se nos ha concedido el acceso a un amor incondicional, tangible y perfecto.

Ser hijo de Dios es tener invitación abierta al interminable amor de nuestro Padre celestial. No hay fin para la riqueza de su amor: podemos experimentarlo de una manera profunda y tangible, sin límites. A través del sacrificio de Jesús podemos vivir nuestras vidas experimentando el amor del Creador y el Sustentador de una forma total.

El Salmo 36:5 dice: “Tu amor, Señor, llega hasta los cielos; tu fidelidad alcanza las nubes”. Cuando mires el horizonte, imagina los brazos de tu Padre celestial estirándose aún más allá del cielo azul. Cuando mires las nubes en su inmensidad y maravilla, imagina la enormidad del fiel amor de tu Dios.

Tan grande es la riqueza de amor que tu Padre celestial tiene por ti, que envió a su Hijo puro e irreprensible como pago por los pecados que te han impedido experimentar su amor. Tan grande era su deseo de que conocieras su corazón que Jesús dio su vida, creando un puente sobre el vasto abismo del pecado que te separaba del Padre.

1 Juan 4:10 dice: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”. La mayoría de nosotros vagamos por la vida buscando cualquier fuente de amor que podamos encontrar. Nos entregamos a las personas, los empleos, la sociedad y las expectativas erróneas, haciendo todo lo posible por satisfacer una necesidad insaciable de ser amados. Solo al separar un tiempo para recibir el amor perfecto, tangible y transformador de Dios, nuestra necesidad de ser amados será finalmente satisfecha. Solo cuando miremos a la cruz como un recordatorio continuo de que somos amados por siempre, dejaremos de buscar amor en un mundo que solo nos rechazará y decepcionará.

Tu Padre celestial anhela que experimentes la riqueza de su amor. Desea guiarte a un lugar seguro en el que simplemente eres amado por él. Este mundo roto y necesitado nos ha enseñado a proteger los lugares heridos de nuestros corazones de cualquier contacto exterior. Nos enseñan a superar nuestras heridas, a levantarnos y a dejar que nuestras cicatrices sean signos de nuestra fuerza interior. Dios quiere tomar tus heridas y sanarlas con su amor perfecto. Él quiere tomar lo que el enemigo tomó para el mal y convertirlo en un bien real y eterno. Él te está esperando en este momento para amarte y sanarte, para satisfacer el profundo anhelo de ser amado que has llevado contigo toda tu vida.

Tómate un tiempo en la oración guiada para encontrar verdaderamente el amor de tu Padre celestial. Espera en su presencia y abre tu corazón a él en respuesta a su amor y fidelidad. Te guiará a pastos verdes y aguas tranquilas si separas un tiempo y sigues su guía. Que al orar experimentes la riqueza de amor que tu Padre celestial tiene para ti.

Guía de Oración:

1. Medita en la riqueza de amor que tu Padre celestial tiene para ti.

“¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz?
Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes”.
Isaías 49:15-16

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”. 1 Juan 4:10

“Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó”. Lucas 15:20

2. ¿Qué herida tienes que Dios anhela sanar con su amor? ¿Qué experiencia pasada te ha afectado por mucho tiempo? ¿Qué parte de tu corazón has mantenido oculta? Dios quiere sanarla hoy.

3. Pídele al Señor que te guíe a un encuentro transformador con su amor. Pídele que te ayude a recibir todo el amor que tiene para darte. Tómate un tiempo para esperar en él y descansar en su presencia. No abandones este lugar de descanso hasta que te sientas satisfecho y renovado.

Que Efesios 1:3-10 mueva tu corazón para buscar la profundidad del amor que tu Padre celestial tiene para ti a lo largo de tu día:

“Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado. En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo, esto es, reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra”.

Lectura Complementaria: Efesios 1

Por Craig Denison

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