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Un Sumo Sacerdote humano

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Jesús tomó humildemente un cuerpo para que pudiera darlo por nosotros.

¿Alguna vez ha notado la manera tan informal como utilizamos, sin pensar, las palabras morir y muerte? Por ejemplo, “Ese postre está como para morirse”, o “Ese muchacho me va a matar”, o “Casi me muero de la vergüenza”.

Jesús no murió de la vergüenza, murió porque fue crucificado. Pero a diferencia de los terroristas suicidas de hoy en día, él no despilfarró su vida en un acto de terrorismo cruel y lleno de odio; permitió que lo torturaran y le quitaran la vida para que de esa manera le pudiera dar vida a las moribundas personas de este mundo.

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (Hebreos 2:17).

Jesús tomó humildemente un cuerpo para que pudiera darlo por nosotros; asumió nuestra sangre para poder darla por nosotros. La expiación que él hizo ahora es suya, es decir, usted y Dios ya no están en desacuerdo sino que tienen un mismo sentir. Maravilloso.

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