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Un personaje popular

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Entre todos los protagonistas de la Biblia existe uno que, a pesar de su popularidad, no debemos seguir.

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios…”, Efesios 5:15

Existe un personaje muy popular que es conocido y mencionado ampliamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y que además tiene una inmensa familia esparcida por todo el mundo… "El Necio". ¿Lo conoces? Quizás tengas alguno en tu familia o varios dentro de tu círculo de amistades.

Efesios 5 nos dice que este personaje tiene un estilo de vida peculiar. En primer lugar descuida su vida espiritual por amor a la comodidad y a los placeres y, segundo, le falta cordura. Es el tipo de persona que desafía a Dios, es falto de entendimiento y pone en riesgo su alma, dada su necedad y nivel de ignorancia.

El necio presenta un comportamiento inmaduro e infantil (Proverbios 22:15a), obstinado y malcriado, y es el polo opuesto del sabio. En Jeremías 4:22 y 5:21, Dios describe al necio como: “…hijos ignorantes, sin entendimiento; sabios para hacer el mal, pero no para hacer el bien. Sin corazón, que tiene ojos y no ve, que tiene oídos y no oye...”  

Nos hacemos necias cuando: decimos que no hay Dios, practicamos el pecado, no estudiamos la Palabra ni nos congregamos fielmente. Dios no edifica nuestro hogar, dejamos que se ponga el sol sobre nuestro enojo, nos hacemos sabias en nuestra propia opinión, somos despiadadas, no ponemos cerrojo a la puerta de nuestros labios, no nos respetamos como mujer ni establecemos límites, nos dejamos llevar de nuestros deseos, nos mofamos de otros, encubrimos nuestros pecados, somos perezosas y no aceptamos la reprensión, entre otros.

Muchas cuestionan el porqué de sus continuos males, pero rehúsan obedecer el consejo bíblico por seguir tras aquello que es causa de todos sus infortunios. Sin embargo amadas, es muy fácil salirnos de las filas de la necedad y ser mujeres sabias, poniendo atención a la Palabra de Dios y procediendo contrario a como lo hemos venido haciendo hasta ahora. ¿Te animas?

Oración: Oh Dios, perdona mi necedad. Quiero ser sabia dejándome llevar por ti. Sé que será duro porque he vivido de acuerdo a mis deseos, pero confío en la fuerza de tu poder. En Cristo, amén.

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