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Un mismo propósito

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Sin importar el propósito que se tenga, si como familia no se sirve y busca el reino de Dios en primer lugar, no se disfrutará de sanidad económica.

El doctor Larry Burkett decía: «La forma en la que manejamos nuestro dinero es una expresión externa de una condición espiritual interna». En Mateo 6:33 el Señor Jesucristo dice: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».

Aprendamos a tener un mismo propósito en nuestra vida familiar y financiera: «buscar el reino de Dios y su justicia». Si eres esposo y tu propósito es enriquecerte, andar bien económicamente, terminar tus estudios y crecer en tu negocio, las cosas no irán bien. Tampoco si como esposa tu meta es tener casa propia, un auto, un perro y dos niños bien vestidos. Tengamos el propósito que tengamos, si no servimos y buscamos el reino de Dios en primer lugar, no disfrutaremos de sanidad económica.

Un paso seguro hacia ella es desarrollar un plan de control de gastos. Si no sabes cómo hacerlo, Cultura Financiera cuenta con una Guía para controlar gastos que te puede enviar de forma gratuita. Así podrás hacerlo.

En Lucas capítulo 14, versos 28 y 29, dice: «Porque ¿quién de vosotros queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que le vean comiencen a hacer burla de él». ¿Has visto gente así? ¿Has paseado por tu ciudad y has visto un edificio a medio terminar? Uno se pregunta: «¿qué le habrá pasado a este hombre? ¿Se habrá muerto en medio de la construcción? ¿Le habrán hecho juicio? ¿Habrá cambiado la situación económica de su país?». Esto sucede a menudo en ciudades que viven entre la inflación: la gente comienza a construir un edificio, pero después —producto de la economía— es muy difícil terminarlo.

El Señor Jesucristo nos dice: «Solamente un necio no se sienta a ver cuánto le va a costar edificar su casa, o construir un edificio». Solamente un tonto vive la vida pensando: «Bueno, hoy tengo dinero, así que gastaremos lo que tenemos. Si tenemos, tenemos; si no, gastamos hasta que tengamos y, cuando se nos acabe, dejamos de gastar». La palabra de Dios dice que debemos aprender a planear para el futuro. Proverbios 27: 23 y 24 aconseja: «Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños. Porque las riquezas no duran para siempre».

Para alcanzar la sanidad económica debes tener un mismo sentir con tu cónyuge. Primero, «busquen el reino de Dios y su justicia» por sobre todas las cosas. Segundo, sean diligentes y desarrollen un plan para controlar sus gastos.

 

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