Un llamado a amar a nuestros enemigos

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Hay muchas diferencias entre el cristianismo y las otras religiones, pero lo que hace única a nuestra relación con Cristo es el llamado a amar a nuestros enemigos.

“Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan. Y su tuviere sed, dale de beber agua.” – Proverbios 25:21

En Proverbios 25:21, Salomón, que es conocido como “el hombre más sabio que jamás ha vivido”, nos da la pauta de cómo amar a las personas bien y de lo que verdaderamente significa ponerlo en práctica en nuestras vidas.

Él desafía a los creyentes diciendo que somos llamados no solo a amar a nuestros amigos, sino también a nuestros enemigos. Muchos de nosotros automáticamente pensamos en por qué es tan difícil amar a algunas personas.

Las palabras de Salomón implican amar con los hechos. En el versículo 21 dice: “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua”. En otras palabras, no digas que los amas, ponte en acción y comienza a amar con tus obras.

La sociedad hoy en día parece inundada a veces con opiniones diferentes y actitudes hostiles. En nuestra cultura, lo vemos en las relaciones, en la política, hasta en lo espiritual. Los desafíos para amar pueden presentarse de muchas maneras distintas. Hay personas que nos tratan mal, a las que no les gustamos, que no creen en lo que hacemos, que no hablan como nosotros, que no se han criado como nosotros…

Pero aquello que hace única a una relación con Cristo es el llamado a amar a nuestros enemigos. Vivimos en un mundo que constantemente nos dice a quién y cómo amar, predicando una especie de evangelio de dar y recibir. La cultura nos manda amar solo a aquellos que nos dan amor de vuelta, a ser leales solo a nuestros amigos, a sólo amar a aquellos que están de acuerdo con nosotros o que se han portado bien con nosotros. Pero la Biblia habla de algo diferente y nos dice que debemos amar a todo el mundo, incluso a nuestros enemigos.

“Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua. Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará.” – Proverbios 25:21-22

El amor tiene la capacidad de penetrar el corazón de una persona como ninguna otra, especialmente el amor que no se merece y que no ha hecho ningún esfuerzo. No hay nada que pueda ablandar el corazón de una persona como que se les dé amor cuando no se lo merecen. Todo esto se ve en el Nuevo Testamento:

Mateo 5:46 – Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

Lucas 6:33 – Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.

Romanos 12:14 – Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.

Proverbios 24:17 – Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón;

¿Alguna vez has estado tentada a alegrarte cuando alguien que no te cae bien falla o se mete en algún problema? Cuando te enteras de sus malos momentos, tal vez estás tentada a pensar, “le viene bien” o “se lo merece”. Esta no es la forma en la que el amor de Dios reacciona a las situaciones. Nuestro deseo de regocijarnos en los malos momentos que nuestros enemigos atraviesan no refleja la naturaleza de Dios.

La Biblia nos dice en 1 Corintios que el amor no se goza con la injusticia, sino que se goza con la verdad. La paz y el poder en tu propio corazón se desatan cuando comienzas a orar el bien sobre tus enemigos. En lugar de regocijarte cuando fallan, ora para que tengan éxito en lo que hacen. La manera en la que respondemos a los problemas y las bendiciones de otros dice mucho sobre nuestra propia madurez espiritual.

Puedes preguntar, “¿Cómo amo a mis enemigos?”

“Nuestra única esperanza para amar a nuestros enemigos es ser nuevas criaturas en Cristo. Y nuestra única esperanza para ser una nueva creación en Cristo es la reconciliación con Dios a través de la muerte de Su Hijo.” – John Piper

Para hacerlo simple: amamos porque Dios nos amó primero. Se nos ha dado el mandato de amar más allá de nuestra lógica o nuestro razonamiento, lo que significa que amamos sin excusas. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero creo que esto es algo que podemos vivir gracias al poder del Espíritu Santo.

Estamos llamadas a amar, no porque, sino a pesar de. Después de todo, esta es nuestra propia historia de redención. Cristo nos amó aunque nuestro corazón estaba en Su contra, cuando aún éramos sus enemigos.

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” – Romanos 5:10

Él nos amó en nuestro peor momento y nosotras debemos devolver amor.

Ama en grade, ama en profundidad, ama bien… en palabra y con hechos.

Por Meshali Mitchell

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