Un hogar celestial: Lugar de justicia

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Aunque no vivimos en un mundo justo, nuestros hogares deben ser un reflejo de lo que viviremos en la eternidad.

¡El cielo es un lugar de justicia!

Hablando de nuestra patria celestial, el cielo, Pedro dijo: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13). Por su parte, el apóstol Juan nos asegura que “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). ¿Te imaginas? ¡Que maravilla!

El matrimonio le brinda a cada pareja la oportunidad de crear un hogar celestial, un hogar donde se corrijan las deficiencias de la casa donde crecieron y se establezcan directrices más afines con la Palabra de Dios. Un hogar donde no entre cosa inmunda como ciertas modas, programas, música, lenguaje, actitudes, mentiras y abominaciones.

El nuevo hogar es la mejor ocasión para “hacer sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado” (Hebreos 12:13). Yo diría: “para que los hijos caminen derecho y no se salgan del camino de Dios”, puesto que cuando estos se pierden en el mundo, es porque hace tiempo ya se habían perdido en la casa.

Es necesario vivir e instruir a los hijos de manera tal que se sientan honrados de vivir para un propósito mayor que el de sobresalir y ser populares en esta vida. Un día Cristo reinará sobre todo el universo y nosotras seremos las estrellas que lo adornarán. Como mujeres de Dios hemos sido llamadas a preparar estrellas “para ese día”.

La justicia no solo se trata de establecer quién tiene la razón o no en un desacuerdo o pleito, sino que tiene que ver primordialmente con aquello que es santo, limpio a los ojos de Dios. Apartemos de nuestros ojos lo feo y ofensivo, de nuestros corazones la maldad, de nuestras manos lo ajeno y perverso, de nuestras mentes lo vil y destructivo, y de nuestras vidas en general el pecado (Salmo 141:4, Proverbios 4:23).

Si mantenemos nuestra alma limpia, nuestro hogar será uno celestial, lleno de la justicia de Dios. Adán falló pues no mantuvo su alma limpia haciendo que su hogar o huerto se corrompiera y su descendencia terminara pagando el precio (Génesis 2:15-17, 3:11). No le hagas eso a tus hijos. Tú y yo no tenemos porqué tropezar con la misma piedra.

Seamos sabias y aprendamos de los errores de otros… nos cuestan menos. Edifiquemos un hogar celestial donde more la justicia de Dios.

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