Un día a la vez

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La preocupación es un sentimiento lícito, pero se convierte en pecado cuando hace que nuestros pensamientos sean improductivos.

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”, Mateo 6:34

El afán y la ansiedad, dos grandes males del siglo XXI. Ellos pueden causar falta de sueño, minar nuestras energías, drenar nuestro gozo, arruinar relaciones, poner una presión inmensa sobre la mente, secuestrar nuestra felicidad, agravar nuestros dolores e, incluso, debilitar el cuerpo. Jesús nos enseñó que en esencia todo afán y ansiedad es producto de nuestra falta de fe en la soberanía de Dios, lo cual no da gloria a su nombre en lo más mínimo.

La preocupación es un sentimiento lícito, pero se convierte en pecado cuando nos consume y hace que nuestros pensamientos sean improductivos; cuando nos hace perder la perspectiva del cuidado providencial de Dios sobre sus hijos; cuando nos controla y nos hace descuidar nuestras responsabilidades y relaciones personales, llegando incluso a afectarnos física, emocional y espiritualmente. En el texto de hoy Jesús nos da algunos consejos prácticos para escapar de las garras de esta “casi” enfermedad de nuestros tiempos modernos.

Lo primero que Él nos enseña en Mateo 6:26 es que Dios está SIEMPRE en control: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”. La idea es que si Dios tiene cuidado de las aves; seres inferiores con relación al hombre, ¿no va a tener cuidado de nosotras, que somos de mucho más valor que ellas por haber costado la sangre de su propio Hijo? Entonces, ¿por qué el afán?

Lo segundo que el Señor nos hace ver es que gran parte de nuestra ansiedad viene por el miedo ante la incertidumbre del futuro: “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán” (Mateo 6:34). Lo que Jesús está diciendo es que no debemos llenarnos de ansiedad por el futuro incierto. Si bien es cierto que el mañana traerá su propia cuota de problemas, no podremos resolverlos con antelación; la ansiedad por el futuro significa poner en duda el control soberano de Dios sobre nuestras vidas.

La ansiedad paraliza a sus víctimas y divide sus mentes. Les hace mirar hacia un futuro que no ha llegado, agotando las fuerzas que se disponen para enfrentar el presente. Cristo quiere que apliquemos los recursos de hoy para los afanes de hoy, y que dejemos el futuro impredecible en las manos seguras del Padre Celestial, quien controla todas las cosas. Al afanarnos por el mañana, perdemos el gozo y la victoria que Dios quiere darnos en el día de hoy. Dios proveerá una porción de nueva gracia para las necesidades propias del día. El mañana pertenece a Dios y cuando queremos aferrarnos al mañana oscuro estamos robando algo que pertenece al Señor.

Así que, “Basta a cada día su propio mal”; vivamos un “día a la vez”, porque el creyente ansioso se enferma por un futuro borroso que le ha sido velado, perdiendo los recursos que sí le han sido dados para vivir el día de hoy. Hebreos 13:8 nos dice que “Jesucristo es el mismo, ayer y hoy y por los siglos”, lo que quiere decir que el mismo Jesús que te sostuvo en el día de ayer, es el mismo que te sostendrá en el día hoy, y el de mañana y siempre. Si temes al futuro, pregúntate: ¿me sostuvo el Señor en el pasado? Entonces, el mismo que te sostuvo ayer, te sostendrá hoy, y mañana, y por toda la eternidad.

Oración: Gracias Señor por sostener mi vida. Ayúdame a descansar en tu amor y soberanía viviendo un día a la vez. En el nombre de Cristo, ¡Amén!

Por Carmen García de Corniel

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