Un cuidado especial

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Dios ordena las cosas de forma tal que todo redunde en favor de Su pueblo.

“Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas”, Éxodo 11:7

¿Sabía usted que la noche que el pueblo de Israel salió de Egipto, nuestro Dios tenía tal control de la situación que ningún perro de los egipcios se atrevió a ladrar ni tan siquiera a mover su lengua? Eso no me lo inventé yo, eso lo dice el texto. “Desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová es Dios grande”. ¿No dicen amén? Tal es el poder soberano de Dios que hasta los instintos naturales de los animales están sujetos a Él.

Isaías 45:10 describe la grandeza de Dios en términos insuperables: “He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo. Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio”. ¡Waooo! Sencillamente impresionante.

Lo que el profeta nos está diciendo es que, si fuéramos a preparar holocausto para nuestro infinito Dios, podríamos tomar todos los árboles del Líbano (contados en millones y millones), y todos los animales de la tierra, y aun así no sería suficiente. ¡Sobrecogedor! ¿Verdad? Eso es tan solo una pequeña muestra del insondable poder de Dios y de cómo Él ordena las cosas de forma tal que todo redunde en favor de Su pueblo.

Permíteme concluir esta reflexión con una ilustración que leí hace unos días con respecto al cuidado providencial de Dios a nuestro favor y que me impactó profundamente. En un país árabe, en esos en que la Biblia no puede ser leída en público y los creyentes no se pueden congregar abiertamente, un creyente huía de los militares que lo estaban persiguiendo para torturarlo por el hecho de ser cristiano.

Desesperado, entró a una cueva y oraba fervientemente para que Dios lo librara de esas manos inicuas. Al abrir los ojos vio una arañita que tejía artísticamente una telaraña. El cristiano expresa su queja ante Dios y le dice: “¡Señor, te he pedido que guardes mi vida, y todo lo que has hecho es enviar una araña trabajando en su red!”. En ese momento pasaba el ejército y se oyó una voz decir: “A esta cueva hace años que no entra nadie, hasta telarañas hay en la entrada”. De esa forma siguieron su camino de largo. El cristiano se arrodilló de nuevo pidiendo perdón a Dios por haber dudado de Su cuidado.

Aun las cosas más sencillas son, a veces, el instrumento determinado por Dios para librar, cuidar y bendecir nuestras vidas. Él es soberano y Él hará que aun los perros silencien sus ladridos para dejar que el pueblo de Dios pase adelante hacia la tierra prometida.

Oración: Padre, gracias por tu cuidado. Gracias porque tú tienes todas las cosas fríamente calculadas y los eventos de nuestra vida no te toman por sorpresa. Grande y poderoso eres mi Dios. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel 

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