Un buen día para perdonar

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Así como encontramos perdón en Dios, en Él también encontramos la fortaleza para perdonar.

Estos últimos meses han sido de mucho aprendizaje personal, de aplicar muchas de las cosas que escribo a mi vida y de prepararme para seguir dando a Dios lo mejor. Pero sinceramente, este no ha sido un tiempo fácil.

Dios puso en mi corazón hace unas semanas el tema del perdón. ¿Cómo se relaciona el sufrimiento con el perdón? Bueno, algo que he notado es que la FALTA de perdón acarrea gran sufrimiento a nuestra vida.

La primera vez que me enfrenté con la falta de perdón en mi vida fue difícil de aceptar.

- Primero pensaba que no había nada que perdonar, cuando, en realidad, la otra persona, queriendo o no, me había lastimado. Así que el primer paso fue reconocer que estaba dolida.

- Segundo, cometí el error de asumir la ofensa y pasarla por alto. No le di importancia aunque en realidad me había dolido mucho.

Pero me di cuenta que no había perdonado porque nunca tenía nada bueno que decir de esa persona. No quería verla y menos tener que interactuar con ella. Hasta llegó el punto en que me di cuenta cuán ofensiva era al hablar con ella. Así que aunque pensé que la había perdonado no era así.

Cuando la persona que amas, quien se supone que debe cuidarte y protegerte, es la que te hiere, es cuándo más duele. Pero quiero decirte que somos capaces de perdonar. Solo debemos decidirlo (Colosenses 3:13).

Perdonar implica dejar ir aquello que nos lastimó. Dejar de traerlo a la memoria. Y cuando lo hacemos, encontramos paz. Somos liberados de la carga que llevábamos.

- Debemos perdonar como Cristo lo hizo, sin reservas, sin condiciones. Él perdonó todos mis pecados, todas mis ofensas (Salmo 103:3).

- Debo perdonar aunque la otra persona no pida perdón. Cristo murió en la cruz y me perdonó mucho antes de que yo le confesara mis pecados.

Yo tuve que reconocer que me habían lastimado. Tuve que reconocer que necesitaba perdonar, y entonces tomé la decisión. Oré y le dije a Dios cuán herido estaba mi corazón. Que estaba dispuesta a perdonar. Le pedí que me ayudara en el proceso y cada vez que venía a mi mente el momento del maltrato, lo quitaba repitiéndome que yo ya lo había perdonado. Y llegó el momento en que esos pensamientos ya no volvieron.

Podemos encontrar perdón en Dios, como también la fortaleza para perdonar (Filipenses 4:13). Él no quiere vernos llenas de culpa, amargadas y sufriendo por la falta de perdón.

¿Has luchado alguna vez con el perdón? ¿Qué pasó? ¿A quién tienes que perdonar hoy?

Por Gabriela Luisi

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