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Un buen día para dejar nuestros límites

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Ante un llamado de Dios, no solo debemos estar listos a obedecerle sino a renunciar a nuestras limitaciones.

Dios llamó a Moisés desde la zarza (Éxodo 3:5-10). Lo hizo a Su tiempo, lo hizo de manera asombrosa y lo llamó de forma clara. El acercarnos a Dios para escucharle depende de nosotras y debemos hacerlo con humildad y en santidad, dejando nuestras limitaciones ante Su presencia.

Cuando hayas escuchado el llamado de Dios con claridad, entiende que no solo debes tener el deseo de obedecer sino también el de renunciar a tus limitaciones. Esto es:

Dejar de mirar nuestra apariencia. Dios no te eligió por cómo te ves (1 Samuel 16:7).   

Dejar de confiar en nuestras aptitudes. Dios no te eligió por lo que eres capaz de hacer (Salmo 147:10-11).

Dejar de lado nuestra inteligencia. Dios no te eligió por lo que sabes (1 Corintios 1:27-28).

Debemos dejar nuestro orgullo. Dios no te eligió por quién eres (1 Corintios 1:28-30, Santiago 4:6).

Claro que es más fácil decirlo que hacerlo, pero debemos entender que para responder al llamado de Dios debemos dejar de pensar en nuestros propios límites y comprender que Dios no nos llama a servirle por lo que nosotros somos capaces de hacer, sino por lo que Él es capaz de hacer a través nuestro.

Moisés fue atraído por Dios hacia la zarza que no se consumía y, al escuchar la voz de Dios, su reacción fue cubrirse el rostro con sus manos. Algo que Dios me ha enseñado es que Él nunca usará a una persona que no se humilla ante su presencia. Y muchas veces pasamos por tiempos tan dolorosos solo para llegar ante su presencia en humildad… si es necesario hecha pedazos.

Pero lo grandioso es que Dios nos levantará, nos limpiará y nos dejará como nuevas. Así como cuando te encontró envuelta en el lodo del pecado, te recogió y te limpió. Así de maravilloso es Dios.

Me imagino a Moisés repitiéndose una y otra vez mientras caminaba por el desierto: “que tonto fui… le fallé a Dios… no merezco otra oportunidad y si me la da, seguro la echaré a perder otra vez”.  

Desde nuestro punto de vista actual, podemos sentirnos tentadas a juzgar a Moisés por cobarde, por incrédulo, egocéntrico, etc. Pero debemos recordar que cuando Moisés escuchó el llamado de Dios solo conocía la esclavitud, la aflicción de su pueblo y su fracaso al querer posicionarse como libertador de los israelitas. Las señales, la división del mar, la provisión de agua y maná, vinieron después de que él respondió al llamado de Dios. Y fue obediente a pesar de sus limitaciones.

¿Alguna vez te encontraste poniéndole límites a Dios? ¿Diciéndole de lo que eras o no eras capaz de hacer, o dando por sentado lo que Él podría hacer? Esto es lo que hizo Moisés y es lo que yo hice muchas veces, y seguramente lo que tú has hecho también.

Es más, podría contarte que pasaron muchos meses para que yo respondiera al llamado de Dios a servirle a través de estas publicaciones. Me sentía incapaz, simplemente me preguntaba ¿a quién le va a interesar lo que escriba? “Señor, mi vida no se compara a la de Joni Eareckson Tada, tampoco sé tanto como Elizabeth George”. Le decía a Dios: “Nadie me conoce Señor, puedes usar a otra”. Y durante todo ese tiempo olvidé y dejé de lado al Dios que hace el llamado.

Cuando Moisés escuchó el llamado de Dios se asustó y pensó en sus propias limitaciones, sin darse cuenta de que el Dios que se presentó ante él de manera milagrosa, así como usó a un simple arbusto para mostrar su poder, así quería usarle para hacer milagros ante el Faraón y para que su pueblo volviera a creer en el Dios que existe por sí mismo y por quien todas las cosas subsisten.

Podemos ser como Moisés al momento que sintió el impulso de liberar al pueblo de Dios esclavizado: con sus propias fuerzas, con sus propias manos, actuando imprudente e impulsivamente, confiando seguramente en las capacidades de líder con que había sido instruido por los egipcios. Tal vez tú también estás confiada en tus capacidades. Pero recuerda el final de Moisés. Huyendo humillado.

¿De qué manera te encuentras tú hoy? Tal vez al leer esto te das cuenta de que Dios quiere usarte pero que es hora de humillarte ante Él. De cubrir tu rostro ante Su presencia y reconocer que no eres capaz de serle útil. Si esto es lo que comprendiste, estás a un paso de ser renovada. Dios desea que “nos humillemos bajo su poderosa mano y, entonces, solo entonces, él nos exaltará cuando fuere el tiempo”, (1 Pedro 5:6).

Recuerda que, ¡hoy es un buen día para dejar nuestras limitaciones en presencia de Dios! Porque cuando reconocemos y dejamos nuestros límites a los pies de Él, entonces ¡nos transformamos en instrumentos en las manos del Dios que no tiene límites!

Por: Gabriela Luisi

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