Tu peso le importa a Dios

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Aunque nuestra identidad no dependa de ello, honramos a Dios cuando tenemos el control sobre nuestros cuerpos.

Dios es el autor del orden y la belleza, Él todo lo hizo bueno.

Uno de los seres más bellos creados por Dios fue… Lucifer; sin embargo, éste se enalteció produciendo una distorsión en su sabiduría y acciones (Ezequiel 28:17). La importancia excesiva en cómo lucimos físicamente viene de él, el príncipe de este mundo. Él era el sello de la perfección (Ezequiel 28:12) y mientras él nos mantenga enfocadas en nuestro exterior, el cual está desfalleciendo (2 Corintios  4:16), nosotras no glorificamos a Dios y viviremos vidas inseguras.

Como todo lo que Dios creó es bueno en gran manera, entonces la comida no es mala. Sin embargo, cuando Adán y Eva comieron de la fruta, esto produjo una enemistad entre los deseos de la carne sobre los cuales Satanás tiene influencia y el deseo de Dios que es el de formarnos a Su imagen. Entonces, si la comida es buena, lo que está mal es la forma como comemos.

Como cristianas hay principios de los cuales tenemos que vivir, como amar al Señor con todo nuestra corazón, alma y mente (Mateo 22:37). Por eso, en todo lo que hacemos, incluyendo comer y vestir, tenemos que glorificar a Dios (1 Corintios 10:31). Pero la batalla pertenece al Señor, no a nosotras (2 Crónicas 20:15), entonces todas nuestras decisiones son espirituales. Como el corazón es engañoso (Jeremías 17:9), tenemos que llevar todo al Señor después de que examinemos nuestros motivos (Lamentaciones 3:40).

Aunque la ganancia de la batalla pertenece al Señor, hay un rol que pertenece a nosotros. Si estamos comiendo igual que el mundo, no estamos comportándonos como cristianas. Tenemos que desarrollar dominio propio (Gálatas 5:23), y si identifiquemos las razones que provocan nuestra forma de comer que no agrada a Dios, entonces es más fácil de cambiarlo.

¿Cuál es nuestra propósito al comer: el gusto, falta de conocimiento de dieta, adicción, ansiedad, buscar elogios o aceptación? Todo esto nos lleva a la esclavitud, pero nuestro Cristo murió para darnos libertad.

Como estamos en una batalla, tenemos que tener humildad para primero pedir perdón al Señor y luego pedir ayuda a una hermana. Nosotros siempre oramos para que El Señor quite la tentación, pero lo que El Señor quiere es que nosotros aprendemos a manejar y dominar las tentaciones.

Cuando nosotros aprendemos de las faltas que hemos vivido y tratamos de cambiarlo, el Señor puede cambiar nuestras lamentaciones en baile (Salmos 30:11).

Nosotros tenemos el poder de vivir en victoria porque “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados mas allá de lo que podéis soportar sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Corintios 10:13). Además, El Señor ya ha ganado la batalla (2 Crónicas 20:15) y podemos tener la victoria si ponemos la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2).

 

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