Tu actitud importa

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Así como no podemos entrar a un palacio con los zapatos llenos de lodo, no podemos ir ante Dios con el corazón sucio de enojo.

“Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo” – Salmo 37:8

Acercarte a orar ante Dios cuando estás enojada, se parece a entrar en un palacio habiendo estado antes entre el lodazal. ¿Suena eso feo?

Bueno, a veces somos tan irrespetuosas que nos presentamos ante Dios llenas de enojo.
Sencillamente no puedes entrar al palacio de un rey estando manchada con lodo, ni siquiera el guarda de la puerta te permitiría entrar. Las personas encargadas de la limpieza se enojarían si vieran tus huellas de lodo sobresaliendo en el reluciente mármol del suelo.

Algo parecido ocurre en tu vida de Oración, cuando llegas ante Dios llena de enojo: no puedes ir más allá, no hay forma de acceder a Él, porque Él es tres veces santo, Él no tiene contacto alguno con el pecado. Entonces, sientes que no puedes orar, pues una pesada muralla no te deja llegar hasta el trono de Dios.

Orar llenas de enojo refleja el orgullo del corazón; sucede que nos cuesta aceptar que alguien nos ha corregido con sus hechos o dichos, especialmente, las personas que se encuentran por encima de nosotras. Y luego el orgullo se ve herido, porque: “¡eso no es justo!” O alguien te agotó la paciencia y florece allí un enojo, que esconde orgullo, porque: “¡no soporto a esa persona!”

Lo que estás reflejando mediante el enojo es una actitud de orgullo. ¿Recuerdas lo que dice Dios del altivo u orgulloso? Él lo mira de lejos (Salmo 138:6) Esa es la razón por la que no podemos llegar ante Su presencia. En esa condición, Dios no nos mira de cerca.

Oh, pero entonces, sería imposible orar. ¿Qué podemos hacer?

¿Recuerdas en el Antiguo Testamento la construcción del tabernáculo? (Éxodo 30:17-21).

Entre el altar y el santuario había una fuente de agua, esta fuente era exclusiva para que los sacerdotes se limpiaran constantemente las manos y los pies. Dios había establecido una ley importante, nadie se podía acercar al lugar santo sin haber pasado antes por la fuente. Debido a sus tareas cotidianas, los sacerdotes estaban expuestos a la contaminación del ambiente y era indispensable su limpieza antes de dar un paso hacia el lugar de Dios.
De igual forma, nosotras, como creyentes, habiendo aceptado a Cristo y convirtiéndonos en real sacerdocio, es importante que nos limpiemos constantemente antes de ir a su presencia.

Aunque no te des cuenta, estás en constante exposición a la contaminación de este ambiente de pecado, estás rodeada de conversaciones llenas de crítica, envidia y malas palabras; de repente caminas por la calle y te encuentras con riñas, cambias de canal en la tv y te encuentras con material obsceno, puede ocurrir que hasta en casa te encuentres con cosas que no te dirigen hacia Cristo. Añadido a eso, te encuentras con que tus propios pensamientos están inundados de maldad. ¡Todas estamos expuestas!

La única manera de orar sin el peso del enojo y la carga del orgullo es humillándonos; esto es sometiendo el orgullo a Cristo, doblegando ese orgullo ante Él, reconociéndonos pecadoras salvas por gracia.

Se hace imperante ir a la fuente, allí es necesaria la limpieza, se requiere examinar el corazón y los pensamientos. Es en ese lugar donde pedimos a Dios que saque todo aquello que impide una relación profunda con Él, que limpie esas raíces de enojo, que sane las heridas de rencor, de dolor, aquello que nos trae odio.

Aquel proceso de limpieza es doloroso, pero qué consuelo, ¡en la fuente está el buen Jesús!, dispuesto, te ayuda a quitar toda aquella maleza del corazón, venda tus heridas y seca las lágrimas que caen de tus ojos.

Acércate a la fuente, allí está tu Sanador.

Hablemos: ¿Puedes identificar las causas de esos enojos arraigados en tu corazón? ¿Estás dispuesta a correr a la fuente hoy? No te detengas, ve a la fuente y sé limpia, por Jesucristo Nuestro sanador.

Preguntas de Reflexión 

  1. ¿Por qué crees que necesitamos la paciencia en nuestra vida de Oración?
  2. ¿El enojo interrumpe la oración? ¿Como puedes dejar el enojo a un lado?
  3. ¿Por qué razones nos cuesta ser perseverantes en la oración?
  4. ¿Por qué debemos ir a Dios cuando pecamos?
  5. ¿Cómo podemos implementar la oración en todo momento y lugar?

Por Angélica Jiménez

 

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