Tres beneficios de compartir tus sueños con otros

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Hacer públicos tus sueños es hacer una declaración de fe sobre lo que Dios te ha hablado.

“No me importa mi propia vida. Lo más importante es que yo termine el trabajo que el Señor Jesús me dio”, Hechos 20:24a (PDT). 

Cuando recibes un sueño de parte de Dios, debes hacerlo público y anunciarlo a otras personas. Por el simple hecho de decirles estás haciendo una declaración de fe y otras personas querrán ser parte de ese sueño. Tú visualizas el sueño primero y, luego, expresas el sueño al decir “Esto es lo que creo que Dios quiere que haga con mi vida”. 

En marzo 30 de 1980, durante el primer sermón que di en la iglesia Saddleback, me paré frente a 60 personas y leí el sueño para esta iglesia. Incluía una declaración de fe de que Saddleback se convertiría en una iglesia donde el herido podría encontrar aceptación y ánimo; donde algún día daríamos la bienvenida a 20,000 miembros en el compañerismo de la familia de Dios y los equiparíamos para un ministerio efectivo; donde enviaríamos miles de miembros a proyectos de misiones a cada continente y comenzaríamos al menos una nueva iglesia cada año; y donde adoraríamos y ministraríamos en un espacio de al menos 20 hectáreas. 

Tenía la confianza de declarar estos sueños para la iglesia Saddleback y sabía, en fe, que se haría realidad. ¿Por qué? Porque fue inspirado por Dios. ¡Eso no significaba que no estuviera muerto de miedo! Pero sabía que el miedo al fracaso no me impediría hacer lo que Dios quería que hiciera. 

Hay tres beneficios cuando compartes tus sueños con otros: 

1. Te da el impulso inicial. Una vez que lo has anunciado, eres responsable de intentar y avanzar.

2. Atrae el apoyo de otras personas. En el momento que declaré mi sueño, otras personas quisieron involucrarse. Un sueño que proviene de Dios atraerá personas que aún no conoces para que te ayuden.

3. Se desata el poder de Dios. A causa de tu fe, das el salto fuera del barco y comienzas a caminar sobre las aguas. ¡Dios te sostendrá! 

No me importa mi propia vida. Lo más importante es que yo termine el trabajo que el Señor Jesús me dio”, Hechos 20:24a.

Reflexiona sobre esto: 

- ¿Cuáles temores te evitan compartir con otros el sueño de Dios para tu vida?

- ¿Con quién puedes compartir tus sueños?

- ¿Cómo necesitas la ayuda de otros para animarte a descubrir y perseguir el sueño que Dios te ha dado? ¿Quiénes son las personas en tu vida que harían esto por ti?


Para más recursos en español de Esperanza Diaria, haz clic aquí. 

Este devocional ©2016 por Rick Warren. Todos los derechos reservados. Usado con permiso.

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