Transformada - ¿Cuál es tu historia?

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Por fe podemos probar la profundidad del amor del Padre como aquellos que físicamente fueron testigos de la cruz.

“…en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” – Romanos 5:8

Nunca olvidaré cuando bajaba las escaleras una mañana muy temprano, todavía con sueño, mis ojos medio cerrados y, tropezando, tratando de llegar al cuarto de baño.

No hubo saludo de “buenos días”. No hubo drama. No hubo antesala.

Se acercó a mí y me susurró al oído: “Creo que quiero ser misionero cuando sea grande”. Oh, el corazón de esta mamá. Creo que ese muchacho lo dijo con toda seguridad, y yo sabía que algún día va a suceder.

Después de decirlo, puso rápidamente a su hermana pequeña en una llave de judo. Ja, ja.

Y es así como mis días a menudo van en medio de este evento llamado discipulado. Estoy constantemente celebrando pequeñas victorias, y luego tomo mi orgullo y lo cambio por humildad al pie de la cruz. Vamos a ser honestas, yo lo haría mejor si permanentemente acampara allí.

Pero no es un error que Dios los inscribió en mi historia.

Son humanos. Humanos reales y vivos que de alguna manera Dios pensó que estaría bien confiarlos a mi cuidado durante su corto tiempo en la Tierra. Y la mayoría de los días traen toneladas de alegría… y me hacen prorrumpir en un sudor caliente. Son enérgicos y viven estruendosamente, y sólo sé que un día van a canalizar la pasión de su corazón en grandes cualidades de liderazgo (por favor, Jesús, que así sea).  Estos cuatro me mantienen de rodillas, sin embargo Dios también me ha dado una misión.

Mi oración más grande no incluye que sean perfectos o que sea fácil la crianza de los hijos, aunque algunos días es tentador desear esas cosas. Mi misión, por la gracia de Dios, es levantar a la próxima generación de seguidores de Jesús que estarán tan cautivados con Él -y tan rendidos a Él- que simplemente no pueden quedárselo para sí mismos.

Los discípulos me dan esperanza.

Jesús escogió un grupo bullicioso y ecléctico cuando eligió a los doce. Pero no fue un error que Él los inscribiera en Su historia.

Era su corazón, no su perfección o desempeño, lo que Él buscaba. En su debilidad Él se convirtió en su todo. En su duda y negación, Él se convirtió en su Verdad.

Al caminar con Jesús, fueron transformados en adoradores; no de su propia reputación o habilidad, sino de Aquel que ante sus propios ojos demostró que sólo Él podía salvar al mundo.

A través de Su muerte y vida se convirtieron en Sus testigos, este grupo de hombres improbables que, por la gracia de Dios, usaron sus dones y pasiones únicas para poner al mundo boca abajo para Cristo.

Cómo anhelo que Dios use a nuestra familia de esa manera. Pero al igual que mi hijo, yo también puedo ir de TRANSFORMADA y enfocada en mi misión, a poner al mundo en una llave de judo en treinta segundos.

Aleluya, que siendo aún pecadoras, Cristo murió por nosotras.

Tal vez hoy también necesites simplemente * parar * y escucharlo por primera vez de nuevo.

Mientras aún éramos pecadoras, Cristo murió por nosotras.

La manera de impactar a la próxima generación para Jesús no incluye una larga lista de cosas que podemos adquirir, nuestro estatus social o nuestra obsesión constante con la auto gratificación. Jesús modeló un camino mejor para sus discípulos:

Una voz paciente llena de Su sabiduría. Esperanza no de este mundo hablado en tiempos inciertos. Oraciones desesperadas en rincones tranquilos. Humilde sumisión al Padre cuando nadie miraba. Palabras apasionadas que hablaban vida, historias que hablaban la verdad, y un rostro que revelaba la paz en medio de un mundo roto. Amor consistente, fiel y desinteresado. Un siervo que se rindió en todos los sentidos. A menudo mal entendido, pero nunca vacilante. A menudo rechazado, pero siempre prosiguiendo.

Él sacrificó Su vida para que pudieran conocer la vida real. Él ganó sus corazones para que por Su poder a través de ellos Él pudiera llegar al corazón de otros.

Ese era el plan todo el tiempo.

(Un verdadero encuentro con Jesús cambia a la gente)

Entonces, ¿qué historia voy a vivir para contar?

¿Mis hijos escucharán la verdad de quién es Jesús, día tras día, incluso cuando las pasiones estén aumentando y las personalidades entren en conflicto?

¿Verá mi esposo la dulzura de Jesús en mí cuando las cosas no vayan a mi manera y esté tentada a quejarme y entregarme al egoísmo?

¿Alguien a mi alrededor me verá levantarme y hablar Vida y Luz en los momentos difíciles, o voy a ceder a este mundo ruidoso y atrayente que está pidiendo implacablemente mi afecto?

Él sacrificó Su vida para que yo pudiera conocer la vida real. Él ganó mi corazón para que por Su poder a través de mí Él pudiera llegar al corazón de otros.

¿Cuál es tu historia, y a quién tiene Dios inscrita en ella?

Por fe, podemos probar la profundidad del amor del Padre como aquellos que físicamente fueron testigos de la cruz con sus propios ojos ese día. Oh, que este amor nos transforme para que podamos vivir vidas TRANSFORMADAS en misión para Él …

 sin importar el precio.

Por Whitney D.

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