Transformación a través de la experiencia

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Tu vida debe centrarse en el hecho de que ese Jesús perfecto e irreprensible dio su vida para que simplemente tengas una relación con el Padre.

Pasaje Bíblico:

“Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” – 2 Corintios 3:18

Ninguna práctica cristiana puede tomar el lugar que debe ocupar el experimentar a Dios. Al experimentar a Dios comenzamos a vivir en respuesta a las profundidades incondicionales e insondables de su amor. Es también a través de esa experiencia que aprendemos a discernir y confiar en su perfecta y agradable voluntad, y no solo eso sino que también nuestros corazones se transforman en poderosos reflejos de su maravilloso carácter.

2 Corintios 3:18 dice: Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu”.  Cuando vemos a Dios cara a cara, todo cambia. No puedes ver a Dios y permanecer igual. Encontrarlo siempre requiere algo de nosotros. Experimentar su santidad siempre nos llama a ser santos como él es santo (1 Pedro 1:15). Experimentar su amor siempre nos llama al amor porque él nos “amó primero” (1 Juan 4:19). Y experimentar su corazón para la transformación siempre nos llama a entregarle nuestras vidas como un “sacrificio vivo, santo y agradable” (Romanos 12:1).

El encuentro de Isaías con el Dios vivo que encontramos en Isaías 6:1-7 habla de la verdad de la transformación a través de la experiencia. Como respuesta, al ver “al Señor excelso y sublime, sentado en un trono” y al escuchar a los serafines llamándose unos a otros, “Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria”, la respuesta natural de Isaías fue: ¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!”. Y al declarar la verdad de su depravación, un serafín tocó sus labios con un carbón ardiente y dijo: “Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado”. Isaías fue transformado al experimentar a Dios.

Si quieres que tu vida se transforme debes buscar el rostro de Dios. Debes responder diariamente a su invitación a reunirse contigo. Tu vida debe centrarse en el hecho de que ese Jesús perfecto e irreprensible dio su vida para que simplemente tengas una relación con el Padre. Si lo haces, si das tu vida para experimentar la plenitud del amor, el poder y la presencia de Dios, nunca serás el mismo. Que puedas “[reflejar]… la gloria del Señor” hoy al entrar en un tiempo de oración guiada (2 Corintios 3:18).

Guía de Oración:

1. Medita en la transformación que tiene lugar al experimentar a Dios.

“Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” – 2 Corintios 3:18

“Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado” – Isaías 6:7

2. Vuelve tu corazón a Dios y busca su rostro. Ten fe en que cuando dediques tiempo para experimentar a Dios, Él manifestará su presencia ante ti. Su presencia es su promesa.

“El corazón me dice: ‘¡Busca su rostro!’. Y yo, Señor, tu rostro busco” – Salmo 27:8

“Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón” – Jeremías 29:13

3. Descansa en presencia de tu amado Padre. Confiesa cualquier pecado que tengas en respuesta a su santidad y recibe la limpieza que viene del arrepentimiento ya que él promete perdonarte.

“Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor” – Hechos 3:19

“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” – 1 Juan 1:9

Tan grande es el amor de Dios por ti que él desea reunirse contigo. En Apocalipsis 3:20 Dios dice: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo”. Dios ya está llamando a la puerta de tu corazón. No tienes que preguntarte si se reunirá contigo cuando le abras la puerta. Apocalipsis 3:20 es tu promesa. Él anhela encontrarse contigo más de lo tú lo anhelas. Él quiere ser conocido por ti más de lo que tú quieres conocerlo. Ten fe en la bondad de tu Dios y vive un estilo de vida de permanente encuentro con él. Que tu vida sea transformada por una revelación del amor y la presencia infalible de Dios.

Lectura Complementaria: Apocalipsis 3

Por Craig Denison

 

 

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