Una conciencia transparente (Parte 1)

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Si queremos gozar de una conciencia transparente, no basta con confesar nuestros pecados a Dios mientras no hacemos nada con la persona que ofendimos.

Si usted le abre el corazón a Cristo buscando una conciencia transparente, tiene que hacer tres cosas: primero, la confesión; como resultado viene el perdón y, tercero, como consecuencia del perdón la restitución.

La confesión ha de ser primero a Dios, como dice en 1 Juan 1:9, “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad”. Por lo tanto, el perdón es el resultado de la confesión. Y el tercer paso para tener una conciencia transparente es la restitución, arreglar nuestras cuentas con los otros seres humanos.

Si usted ha ofendido a alguna persona, tiene que ir a pedirle perdón a esa persona y su conciencia puede gozar de paz. Usted pudo haber confesado a Dios por ofender a algún pariente, pero si no va a esa persona para pedirle perdón nunca va a tener la conciencia transparente, porque la conciencia del ser humano se divide en dos dimensiones, la dimensión divina y la dimensión humana; usted no vive solo para Dios, vive con los demás. 

Cuando yo era niño, un día en el colegio robé una caja de lápices a un amigo llamado Juan Payne sin que él supiera quien se lo había robado. Llegaron las vacaciones, llevé la caja de lápices de colores a mi casa y nunca más la regresé al colegio. Pero esa caja quedó plantada en mi conciencia durante años; me bauticé, me reconcilié con Dios, me consagré a Cristo, pero en muchas ocasiones cuando me arrodillaba para hablar con Dios en oración sentía la voz de mi conciencia movilizada por el Espíritu Santo que me decía que tenía que confesar y restituir la caja de lápices que robé hace varios años atrás. Se volvió un asunto profundo en mi conciencia.

Cuando cumplí los 25 años llegue a otro país y me dijeron “Luis, hay una persona de una iglesia que quiere que vayas a comer con él, se llama Juan Payne”. Resultó ser mi compañero de colegio. Después de conversar un rato, le confesé lo de la caja de lápices, él se echó a reír y me perdonó. Quise regalarle diez cajas de lápices y él no las aceptó, pero yo necesitaba reponer lo que le había robado.

Si queremos gozar de una conciencia transparente, no basta confesar nuestros pecados a Dios, tenemos que ir al individuo que hemos ofendido, pedirle perdón, reponer y tratar de arreglar las cuentas de alguna manera. La Biblia dice: “Confesaos nuestras ofensas los unos a los otros y perdonaos los unos a los otros si alguno tuviera causa contra el otro, de la manera que Dios nos perdonó en Cristo así también hacedlo vosotros”. Jesús dijo en cierta ocasión: “si tu hermano tuviere algo contra ti ve y arréglalo entre tú y él solos, si te perdona has ganado a tu hermano”. 

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