Todo lo que necesitas, ya está garantizado

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Si esta es una promesa de Dios, ¿por qué en ocasiones parece que no se cumple?

Tenemos que aprender a ser deliberadas a la hora de escoger en qué pensar, porque lo que pensemos determinará nuestros actos. Por eso estoy tan apasionada con Mateo 6:33, porque si doy prioridad a pensar en el reino de Dios, buscarlo y vivirlo, todo lo demás en mi vida estará alineado con la verdad que este pasaje enseña.

“Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten”.

Lo primero en lo que quiero que nos detengamos es en estas palabras: él nos dará. ¡Tantas veces batallamos por construirnos un futuro, por lograr salir adelante, por triunfar en esta vida! Y no me malentiendas, en sí mismo este fin no tiene nada de malo. El problema está cuando sacamos a Dios de la ecuación y creemos que la responsabilidad es nuestra al 100%.

Sí, a Dios le gusta que nos esforcemos y trabajemos, la Biblia está llena de mensajes al respecto, pero también quiere que recordemos que al final de la jornada se trata de él. Él nos dará, él proveerá, él ayudará. Dios es dador, por naturaleza. No nos afanemos tanto por lograr ciertas cosas que en el camino perdamos de vista a Aquel que siempre excederá nuestras expectativas.

La segunda frase es “todo lo que necesiten”. Aquí es donde nos frustramos porque nuestra lista de necesidades muchas veces es más bien una lista de deseos. Jesús nos está diciendo que Dios nos dará todo lo que necesitemos. Y sabes, ¡qué bueno que es así!, porque en muchas ocasiones nuestros deseos provienen de un corazón torcido, que no sabe bien lo que quiere y mucho menos lo que necesita.

Pero Dios, que nos formó y nos conoce mejor que nadie, está al tanto de nuestras necesidades, de aquello que de veras requerimos; y sabe cuándo decir sí a una necesidad y cuando decir no al deseo de la niña caprichosa que a veces puedo ser. Tal vez tú también. 

Las necesidades de los israelitas estaban cubiertas en su viaje por el desierto: ropa que no se gastaba, comida (¡súper orgánica por cierto porque venía del mismo cielo!), calefacción para las noches frías con la columna de fuego, que además les alumbraba, y protección del calor abrazador durante el día a través de la columna de nube que también era su brújula. Sin embargo, sus deseos los llevaron a tomar decisiones erróneas y, al final, aquella generación casi completa se perdió la bendición de la tierra prometida. 

Los deseos, si no los controlamos, nos pueden llevar por sendas que al principio parecen de vida y al final resultan de muerte.

Una mujer que quiere vivir poniendo el reino de Dios en primer lugar necesita pedirle que le ayude a discernir entre deseos y necesidades, y rendirse a Dios, consciente de que él le dará todo; fíjate que no es un poco, no es escaso, no es limitado, es todo lo que necesitas. ¡Ya está garantizado! Por supuesto, sin olvidar que en este proceso hay un orden: busquemos primero el reino de Dios, la vida justa que él nos ofrece y muestra, y él se encargará del resto, nuestras necesidades. ¡Es así de sencillo!

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