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¡Todas tus oraciones son escuchadas!

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Orar es tener el privilegio de sembrar palabras en la Eternidad

Ayer estuvimos recordando lo que Jesús sufrió por amor a nosotros mientras iba de camino a la cruz. A lo largo de nuestra existencia podemos atravesar por padecimientos parecidos a los que nuestro Salvador soportó. 

En esos momentos, puede parecernos que no todas nuestras oraciones son oídas… Esto me hace pensar en aquellos que, en el pasado, lanzaban botellas al mar con un mensaje en su interior. ¡Cuánto tiempo y cuántos kilómetros tenía que recorrer esa botella antes de que pudiese caer entre las manos de una persona bien intencionada que se preocupase por hacerla llegar finalmente a su destino!

¿Cuáles son esas oraciones que has lanzado como mensajes en una botella? ¿Es la oración por un marido (una esposa) o un niño(a) por el que esperas desde hace ya demasiado tiempo? ¿O bien la oración por sanidad de una enfermedad incurable? ¿Una oración por un cambio de vida, por una nueva etapa que parece que no llega? 

Querido(a) amigo(a), sean cuales sean esos mensajes que diriges a Dios, ninguno de ellos se pierde: ¡todos llegan a su destino!

- Él escucha cada una de tus oraciones (Proverbios 15:29)

- Él oye tus súplicas (Salmo 116:1-2)

- Él inclina Su corazón hacia ti (Salmo 40:1).

- Él se entristece por tus angustias (Salmo 18:6)

- Él se conmueve por tus lágrimas (Salmo 6:8-9).

¡Sí, orar es tener el privilegio de sembrar palabras en la Eternidad! Es igualmente la gracia de compartir lo que te pesa, lo que te entristece y te abruma con Aquél que todo lo entiende, que conoce todo. Cuando abres tu corazón a Dios, le permites que sople en él con Su Espíritu.

Te animo a que hables todos los días con Dios sin ningún temor, sino con la seguridad de que estás siendo oído(a) por Él. ¡Él es tu Padre, y está atento a todo lo que te pasa!

Te invito a terminar ahora con una oración: “Señor, en ocasiones pierdo la paciencia y empiezo a dudar de que escuches mis oraciones. ¡Perdóname, y enséñame a tener paciencia y a confiar en Ti! Sé que nunca te retrasas ni te adelantas, sino que siempres eres puntual para ayudarme. ¡Gracias por Tu gracia y por Tu amor! Amén”.

¡Persevera en la oración, querido(a) amigo(a), Dios tiene la solución a tus problemas!

Gracias por existir,
Éric Célérier

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