Tiempos de refrigerio (Parte 2)

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Identificar a los ídolos, pero sin arrepentirse de ellos mientras seguimos adorándolos, es minimizar lo que Cristo hizo en la cruz.

La primera parte nos enseñó que hay ídolos que tenemos en nuestro corazón engañoso que nos previenen de tener el refugio que anhelamos tener con Dios. Entonces la pregunta obvia es: ¿cómo un corazón engañoso, con una mente fabricadora de ídolos, puede amar a Dios completamente?

Nuestras motivaciones usualmente son por ganancia personal, para conseguir lo que queremos o para que podamos lucir bien. Increíblemente podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que nuestras acciones están demostrando la capacidad de Dios de trabajar en nosotros. Sin embargo, Gálatas 2:20 nos enseña que “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí.” No se trata de nosotros sino de Cristo. Todo lo que pensamos, todo lo que hablamos y todo lo que hacemos es por Cristo y no por nosotros. El “filtro” por el cual evaluamos la vida se cambia: ya no es por nuestros deseos e ideas, sino para lo que Cristo quiere que hagamos.

De esta forma podemos vivir como Romanos 6:11 nos instruye “muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.” Si no queremos destruir nuestros ídolos aun después de identificarlos, Dios los destruirá (Miqueas 5:13). A. W. Tozer dijo “Dios salvará a un hombre… pero no le salvará a él y a sus ídolos.” Jonás 2:8 lo dijo en esta forma: “Los que confían en vanos ídolos su propia misericordia abandonan.” 

Identificar a los ídolos, pero sin arrepentirse de ellos mientras seguimos adorándolos, es minimizar lo que Cristo hizo en la cruz y exaltarnos a nosotros mismos. Cristo no murió para que nosotros solamente los identifiquemos, ni para que podamos confesarlos, sino que Cristo murió ¡para darnos el poder de destruirlos!  Efesios 4:22-24 nos exige que “en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.” El “os despojéis del viejo hombre” y “os vistáis del nuevo hombre” son mandamientos y no sugerencias.

Jesús murió para darnos el poder de destruir nuestros ídolos, pero cuando rechazamos destruirlos somos cegados por las tinieblas en nuestra mente aun siendo creyentes. 1 Juan 2:9-11 nos lo explica:  “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él. Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Mientras caminamos con Dios “la exposición de tus palabras imparte luz; y da entendimiento a los sencillos” (Salmos 119:130). Cuando los cristianos están caminando como si aún estuvieran ciegos, ellos no pueden agradar a Dios (Romanos 8:7-8), y como los tiempos de refrigerio vienen de Él, permanecemos en la lucha y, por ende, estos tiempos se nos escapan.

Como Romanos 8:32 nos ha enseñado, “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?” La pregunta obvia es entonces, ¿cómo es posible que sigamos adorando a dioses falsos, dioses que no solamente no pueden resolver nuestros problemas sino que siguen causándonos daño, dioses sin ningún valor y, peor aún, que producen daño a la causa de Cristo? Porque no amamos a Dios con toda nuestra mente, corazón y alma. Y peor aún, los dioses falsos aumentan nuestro pecado, mientras que el Dios verdadero nos ha dicho “Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades(Hebreos 10:17).

Lucas 12:48 nos recuerda “pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán.” Dios nos ha dado todo, Su hijo, la Biblia y el Espíritu Santo. Nos ha dado teólogos, pastores y hasta una familia espiritual, y por ende ¡no tenemos excusa! Como no podemos hacer nada bueno sin Él, entonces es obligatorio como cristianos no solamente confesar nuestros ídolos sino destruirlos en el poder del Espíritu Santo. Aquél que tiene oído…

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