TIEMPO DEVOCIONAL... ¡Pero tengo hijos pequeños!

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¿Te has sentido culpable de no poder mantener una rutina devocional mientras tienes niños pequeños en casa?

"Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto está cercano", Isaías 55:6.

La Biblia nos invita a buscar a Dios mientras pueda ser hallado, Su gracia está disponible para el alma que le busca y lo invoca. Debemos acudir a Dios con un deseo sincero de conocerle más.

Buscarle a Él debe ser una prioridad en nuestras vidas, una que no podemos postergar.

¿Pero cómo tener un tiempo devocional si tengo niños pequeños? Lo primero que debemos hacer es desestructurarnos de la idea del "devocional perfecto", renunciar a la imagen mental de lo que sería para nosotras buscarle a Él a solas en quietud y silencio.

Cuando llegan los hijos aumentan considerablemente nuestras responsabilidades, el tiempo se reduce, el silencio se vuelve un recuerdo y el sueño un amigo lejano. En vista de este panorama nos resulta difícil tener un tiempo de búsqueda íntima del Señor, más cuando compartimos las veinticuatro horas con los hijos. Tratamos de tener un tiempo con el Señor todos los días a solas pero al poco tiempo fracasamos.

Dios no nos ha dado hijos para que dejemos de buscarle a Él por unos años hasta que crezcan. Si nos concedió hijos es para buscarle aún más, ya que necesitamos la gracia inagotable en nuestra maternidad.

Cuando nació mi primer hijo, me resultó difícil mantener una rutina devocional, comencé a quejarme de no tener tiempo de orar a solas. ¡Claro! mi vida había cambiado y yo tenía en mente continuar mi rutina del mismo modo que antes.

Llegué a un punto en el que tuve que sacarme la idea del "devocional ideal". Poco a poco aprendí a buscar al Señor con un niño en casa y cuando por fin había alcanzado una estabilidad, el Señor trae a mi segunda hija y nuevamente mi rutina se alteró. Pero gozosa por este regalo del Señor, me propuse no dejar que sucediera lo mismo que con mi primer hijo. Así que el Señor me enseñó a orar cuando y donde podía, sin quejarme. En ocasiones solía ser de madrugada mientras amamantaba a mi bebé. ¡Y cuán preciados han sido esos tiempos de oración!

Incluye a los niños en el devocional, tal vez sea un tiempo más interrumpido y no podamos hacer oraciones extensas. Pero que nuestros hijos nos vean orar es muy importante, estamos imprimiendo en ellos una imagen que jamás se borrará de sus mentes. Quizás por unos años el devocional no sea como imaginamos, pero el Señor conoce nuestras vidas, hasta puede que quedemos dormidas mientras oramos, no nos angustiemos, es un tiempo especial. Un día ellos crecerán y cuando menos lo imaginemos se habrán marchado de casa y tendremos tiempo de sobra para buscar al Señor a solas.

Debemos comprender que esta etapa no durará por siempre. Pero es vital que busquemos al Señor durante estos años de crianza.

No olvidemos que el Espíritu intercede por nosotras con gemidos indecibles. (Ro. 8:26)

¡¡Señor ayudamos a deleitarnos en nuestros tiempos devocionales mientras criamos a nuestros hijos!!

Por Débora Dilge de Peralta

 

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