Tengo cáncer…

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¿Cuál es el cáncer que agobia tu vida? ¿Cuál tormenta azota tu barca? ¿Dónde estás buscando paz?

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado”, Isaías 26: 3

El cáncer de seno es uno de los monstruos más temibles entre las mujeres. Según las estadísticas, 1 de cada 8 mujeres recibirá ese diagnóstico. Directa o indirectamente, todas hemos sido afectadas por este vendaval que ninguna elegiríamos tener que atravesar.

Hace unas semanas sostuve una conversación con una amiga quien se había casado recientemente. La primera expresión que vino a mi mente cuando nos juntamos fue “¡Qué bella estás, irradias hoy una paz especial!”, con lágrimas en sus ojos me contestó: “Ayer me diagnosticaron cáncer de seno”.

Una mujer cristiana, joven, recién casada, con excelentes hábitos alimenticios, invadida por este torbellino. Con gran angustia en mi corazón le pregunté: ¿Cómo es posible que aun recibiendo tan fatal noticia puedas reflejar paz? A lo que ella me contestó: “He decidido creer que Cristo es mi paz”. 

Su respuesta tocó hondamente mi corazón. ¡Cuántas veces en mi propio caminar, cuando enfrento situaciones duras y difíciles, pongo mi esperanza en una cuenta bancaria, en mi esposo, en doctores, etc… y no en Quien está conmigo, Jesús! Tal como los discípulos al ver la tormenta que azotaba su barca y se preguntaban si podían soportar, así actuamos nosotras olvidándonos de las promesas que pueden calmar cualquier tempestad.

¿Por qué Cristo es mi paz? Porque El pagó el precio para que yo tuviera paz (Isaías 53:5).

¿Por qué debo tener paz? Como cristianas nuestra fe es probada en nuestras obras. Hay una nube de testigos que miran con cuidado cómo vivimos aquello que afirmamos creer. Buscar y mantener la paz que el Señor promete en Su Palabra mostrará al mundo que Dios gobierna en nuestros corazones (Colosenses 3:15).

¿Cómo puedo mantener la paz? Decidiendo todos los días enfocar mis pensamientos en Cristo. Tengo que decidir si abriré la puerta que me conduce a la ansiedad o la que me conduce a la seguridad de que mi vida está guardada en Cristo. Leyendo, meditando y memorizando las Escrituras (Isaías 26:3).

La paz que Dios nos da nunca será obtenida por medios de este mundo, es algo sobrenatural que solo Jesús puede darnos para que nuestro corazón no se turbe, ni tenga miedo (Juan 14:27).

Servimos al Príncipe de paz, solo en Cristo hay paz.

La realidad es que el deseo de "paz mundial” de las concursantes en certámenes de belleza nunca será alcanzado en esta vida por medios humanos. El Señor nos dijo que en este mundo tendremos aflicción, pero que confiemos, no en nuestra habilidad para resolver todo, sino en el Único que trajo y traerá paz (Juan 16:33).

Ocupándome del Espíritu: Con determinación debemos luchar para no creer la mentira que el enemigo quiere plantar en nuestras mentes haciéndonos pensar que el estado normal de las mujeres es vivir en angustia y preocupación. Puede ser una realidad, pero no es la verdad. Por medio de la oración podemos depositar nuestras ansiedades en Dios cuantas veces sea necesario, hasta que mostremos dependencia absoluta en el Señor, no en el resultado. Tomar la actitud de querer resolverlo todo y cargar nuestros cuerpos con ansiedad, es ocuparnos de la carne, lo cual produce muerte, pero decidir enfocarnos en alimentar nuestro Espíritu, produce vida y paz (Romanos 8:6).

Siendo agradecida: posiblemente la parte más difícil cuando enfrentamos adversidades. Agradecida por lo que Dios sí me ha dado, porque en Él tengo todo lo que necesito.  El corazón alaba de forma más genuina cuando sabe que su esperanza y sustento no están en su cuerpo, sino en Cristo el Rey eterno (Colosenses 3:15).

¿Cuál es el cáncer que agobia tu vida? ¿Cuál tormenta azota tu barca (esposo, hijos, finanzas, salud, perdida de un familiar, inseguridad del futuro)? ¿Dónde estás buscando paz?

Decidamos hoy construir sobre la Roca, concentrar nuestros pensamientos en la Palabra de Dios y creer que Su paz guardará nuestros corazones y pensamientos (Filipenses 4:7).

Esa paz que sobrepasa todo entendimiento es posible, en cualquier momento, si estamos verdaderamente en Cristo.

Por Alejandra Cardoza de Slemin

 

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