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Temiéndole a lo correcto

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Cuando el Espíritu Santo siembra en nuestros corazones el temor hacia Dios, podemos liberarnos del temor a las personas y a los poderes del mal.

Luego vi otro ángel, el cual volaba en medio del cielo. Tenía el evangelio eterno, para predicarlo a los habitantes de la tierra, es decir, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Ese ángel decía con fuerte voz: «Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua.» – Apocalipsis 14:6-7

Odio las pesadillas, ¿y tú? Creo que las odio más porque nada es lo que parece ser. Todo se desvanece en sombras. Crees que estás lidiando con una situación y de repente se transforma en otra. Es como sostener un puñado de niebla, y esto lleva mi ansiedad por las nubes.

Cuando me despierto después de un sueño así, me siento como en el cielo. Veo mi bendito rectángulo de cama, la puerta y el despertador y, aunque el despertador puede ser una pesadilla en sí mismo, al menos es una pesadilla confiable que nunca me despierta a las trece. Cuando me despierto, puedo ver claramente y puedo volver a estar feliz y a sentirme cómoda. El miedo se ha ido.

El ángel en este pasaje de Apocalipsis habla acerca del miedo. Él dice: “Teman a Dios, y denle gloria… Adoren al que hizo el cielo y la tierra”. Esto no suena muy reconfortante, ¿verdad? Pero en realidad lo es. El ángel está hablando con un mundo lleno de personas que han sido aterrorizadas y perseguidas por poderes malvados. ¡Básicamente, le tienen miedo a todos y a todo!

Es porque no saben quién es la Persona adecuada a quién temer: el Dios que tiene todo el poder pero que nunca lo usará mal, el que es perfectamente santo pero que, sin embargo, es "¡lento para la ira, y grande en misericordia y verdad!" (Éxodo 34: 6b). Es apropiado tratar a Alguien tan poderoso con el mayor respeto y asombro y "temblar ante Su Palabra" (Isaías 66: 2). Pero este no es el tipo de miedo que sentimos por las personas crueles o abusivas, o por los terrores que el diablo envía a nuestras vidas. Al contrario, este es el temor respetuoso y amoroso que le tiene un niño a su padre a quien admira y en quién confía con todo su corazón.

Cuando el Espíritu Santo siembra ese tipo de temor en nuestros corazones, podemos liberarnos del temor a las personas y a los poderes del mal. Aunque todavía podamos sufrir a costa de ellos, su poder emocional sobre nosotros ya no existe.

El salmista lo describe de esta manera: “En medio de la angustia clamé al Señor, y él me respondió y me dio libertad. El Señor está conmigo; no tengo miedo de lo que simples mortales me puedan hacer. El Señor está conmigo y me brinda su ayuda; ¡he de ver derrotados a los que me odian!… Me empujan con violencia, para hacerme caer, pero el Señor me sostendrá. El Señor es mi fuerza, y a él dedico mi canto porque en él he hallado salvación…Te alabo, Señor, porque me escuchas, y porque me das tu salvación” (Salmo 118: 5-7, 13-14, 21).

Jesús nos salva conquistando el mundo a través de Su sangre derramada, muerte y resurrección. Todos los que confíen en Él serán salvos y libres para siempre.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a confiar en ti siempre, pero especialmente cuando tengo miedo. Amén.

Preguntas de reflexión:

1. ¿Qué cosas te producen miedo? ¿Por qué?

2. ¿Qué haces para sentirte mejor cuando tienes miedo?

Por: Dra. Kari Vo

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