También las mujeres

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Las vidas de las mujeres que caminaron junto a Jesús nos deben recordar tanto nuestras debilidades como nuestro potencial.

“Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían”, Lucas 8:1-3

Alguien se tomó el trabajo de revisar en la Biblia y contar la cantidad de mujeres que se mencionan en ella… y se encontró con más de 150 (con nombre)… algunas virtuosas, otras impías… pero todas sin duda han quedado registradas porque nos pueden enseñar valiosas lecciones de vida.

A pesar de vivir en una sociedad completamente distinta a la nuestra, donde las mujeres eran tenidas por insignificantes salvo en el ámbito doméstico donde eran reinas, habían mujeres que fueron apreciadas por Jesús. Mujeres comunes y corrientes, simples y sencillas, que tuvieron el privilegio de conocerlo personalmente, caminar cerca de Él. Otras le hospedaron, le sirvieron, le sostuvieron con sus bienes y con sus ofrendas para que Él pudiese continuar Su obra. 

  • Jesús recibió dinero de mujeres (Lucas 8:1-3)
  • Le seguían de un lugar a otro (Mateo 27:55)
  • Jesús mismo inmortaliza el gesto de María (Marcos 14: 3-9)
  • Ellas estuvieron en el momento de la crucifixión (Marcos 15:40-41)
  • Fueron las primeras en recibir la noticia de la resurrección (Marcos 16:1)
  • Fueron las que llevaron la feliz noticia (Marcos 16:7)
  • Jesús se apareció primero a María Magdalena (Marcos 16:9)

A la vista de esto debemos llegar a una conclusión: en la vida de Jesús las mujeres tuvieron un lugar especial, sirviéndole. Ellas velaron por sus necesidades físicas por medio de la hospitalidad, dándole dinero, preparando Su cuerpo para el sepulcro, etc. Respondiendo a esto, Jesús les enseñó y las honró con el primer anuncio de Su resurrección.

En otras palabras, estas mujeres llegaron a ser especiales, pero no debido a algunas cualidades naturales de ellas mismas, sino solamente porque el único Dios verdadero a quien veneraron y sirvieron, que es Grande, Poderoso y Glorioso, las refinó de la misma manera que se refina la plata, las redimió por medio de Su Obra extraordinaria en la Cruz, conformándolas a Su imagen (Romanos 8:29).

El trabajo perfecto de Dios en sus vidas las hizo mujeres realmente extraordinarias. Podemos decir entonces que ellas -tanto buenas y malas- se alzan para recordarnos tanto nuestras debilidades como nuestro potencial. Nos apuntan a Cristo, pues en cada caso era a Él a quien ellas buscaron para alcanzar salvación. Igual que ellas, nosotras somos lo que somos por la Gracia de Dios (1ª Corintios 15:10). En Filipenses 2:13 Pablo nos recuerda “Porque Dios es el que produce en vosotros así el querer como el hacer por su buena voluntad”.

Oración: Señor, ayúdanos a dar lo mejor de nuestras vidas para tu gloria, con el mismo espíritu descrito por el apóstol Juan cuando dijo: “Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30). En Cristo Jesús, amén. 

Por Susana Colacilli

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