Sus pies no permanecen en casa (Parte 2)

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Dios nos ha prometido que no habrá una mejor satisfacción que creer en Él y caminar por sus sendas.

“Sus pies no permanecen en casa; está ya en las calles, ya en las plazas, y acecha por todas las esquinas.” – Proverbios 7:11-12 

Vamos a comparar la mujer “moderna”, es decir la mujer de Proverbios 7, cuyos pies no permanecen en casa, con la mujer que Dios está pidiéndonos que seamos. La mujer de Proverbios 7 es una mujer religiosa pero no es una mujer con una relación con Cristo. Ella es alborotadora y rebelde, pero la mujer de Dios es humilde y mansa (Mateo 11:29).

Ella está acechando por todas las esquinas como Satanás (1 Pedro 5:8) mientras Cristo nos manda a estar quietas (Salmos 46:10). La mujer de Proverbios 7 es una mujer calculadora, mientras Dios nos instruye “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento.” (Proverbios 3:5). Ella es una esposa manipuladora e infiel, mientras la mujer de Dios es sumisa y trae bien a su esposo todos los días (Proverbios 31:12).

La mujer de Proverbios 7 es una persona que seduce a otros hacer el mal, mientras la mujer de Dios “extiende su mano al pobre y alarga sus manos al necesitado.” (Proverbios 31:20). La mujer moderna anda vestida como ramera mientras la mujer de Dios se viste modestamente (1 Timoteo 2:9). La moderna es astuta de corazón inclinado a hacer lo malo, mientras la mujer de Dios es astuta en reconocer lo malo pero al mismo tiempo es inocente como la paloma (Mateo 10:16).

La mujer de Dios tiene un esposo que confía en ella (Proverbios 31:11) y su meta es vivir para complacer al Señor. Colosenses 1:10 nos manda “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.”

Dios nos ha prometido que cuando creemos a Él como la Biblia nos instruye y caminamos en sus caminos, “de lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.” Juan 7:38. Él es el agua viva (Apocalipsis 21:6) y cuando nos consagramos nos parecemos más a Él… y mientras más nos parecemos a Él, más gozo tendremos. “Me darás conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre.” Salmos 16:11.

¿Es pasar tiempo a solas con El Señor algo aburrido? ¿Se encuentra la felicidad en las fiestas? ¿No puedes disfrutar el tiempo sin tener personas alrededor? Claro que no, pero la única forma en que sabrás la verdad es dedicando el tiempo que requieres para conocerlo, siendo obediente a Su palabra y creciendo en Su santidad para que nuestro gran Dios te llene con el gozo que durará para la eternidad.

El legado

Ya vimos lo que se requiere para aprender a librar la batalla contra las corrientes modernas que nos alejan de Dios y Sus propósitos para nuestra vida: oración, escudriñar la Palabra, meditar en ella.   

Que delicia será tener una vida así desde la niñez. ¿Qué estamos enseñado a nuestras niñas? ¿La casa es aburrida y es solamente para mujeres sin educación? ¿O acaso necesitan ser una profesional y entonces se puede pagar a alguien hacer todas estas cosas que son necesarias pero que consideramos que están por debajo de nosotras?

Esa es la clase de enseñanza que ellas están aprendiendo en la calle. ¿Cómo podemos combatir este león esperando devorarlas? Tenemos que identificar y evaluar las creencias de nuestra cultura comparándola con lo que la Biblia nos enseña y luego aplicarlas a nuestra vida para enseñarlas a nuestras hijas.

Cuando estamos viviendo nuestra fe gozosamente, ellas tendrán un modelo a seguir. Cuando les comunicamos que la casa es aburrida, entonces la calle es vista como divertida y la meta de ellas será pasar el mayor tiempo posible… en la calle.

Proverbios 7 es el vivo retrato de la mujer moderna. Ya no se trata de una mujer extraña o un caso excepcional, como ocurría en tiempos pasados, sino es el patrón normal. Entre más tiempo pasamos en la calle, más aceptamos las aberraciones como normales y aun más cuando estamos jóvenes y no hemos entendido ni evaluado todavía las filosofías.  

Madres, no solamente tenemos que proteger nuestros corazones sino también los de nuestras hijas a quienes El Señor nos ha prestado por un poco de tiempo. Un día tendremos que dar cuenta a Él por todo aquello que hemos enseñado a ellas.


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