Superando el perfeccionismo

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La perfección es lo que el mundo y Satanás usan para hacernos depender menos y menos de Dios.

Versículo clave:

“No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿Por qué habrás de destruirte? No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿Por qué habrás de morir antes de tu tiempo? Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo”, Eclesiastés 7:16-18

PERFECCIONISMO

Un monstruo disfrazado en ropas hermosas. Sus víctimas lucen de maravilla todo el tiempo. Sus casas impecables. Sus grados escolares, admirables. Sus cabellos en perfecto acomodo a cualquier hora.

Si usted es mujer, le garantizo que ha sido envidiosa de alguna perfeccionista anteriormente. Pero como muchas cosas en la vida, cuando se trata de los que nos rodean, hay mucho más de la historia que desconocemos.

Yo sé mucho de esto. Como una perfeccionista recuperada, por muchos años batallé contra los pensamientos de insuficiencia y derrota. Me esforcé por obtener una "A" en todas mis materias y soñé con tener un cabello lacio. Los perfeccionistas son típicamente criados por un padre o madre perfeccionista y, por lo tanto, su tendencia a esforzarse para ser la crème de la crème  en todo lo que emprenden es usualmente un grito de amor y aceptación. Desafortunadamente, a menos que ellos reconozcan el problema, ellos continúan con ese legado con la próxima generación, empujando así sin querer a sus pobres hijos hacia la misma trampa.

Vivimos en la era del aerógrafo, belleza anoréxica. Mi crema anti-arrugas es publicitada por una modelo hermosa de 20 años de edad, quien no verá una arruga en su rostro por, bueno, 20 años. Actrices millonarias de 50 años de edad nos venden la mentira de que podemos pelear la batalla de la flacidez, arrugas y cambios hormonales en un abrir y cerrar de ojos.

Sin duda alguna, perfeccionismo físico es una plaga en nuestra sociedad, infiltrándose en nuestras familias y distrayendo aún a muchas de nuestras bellas jovencitas, quienes se esconden en los baños, ahogándose en la desesperanzada anorexia y bulimia.

También existe el perfeccionista en rendimiento. Muchos creemos que debemos ser perfectos en todo lo que hagamos. Nuestras casas deben estar perfectamente limpias. La decoración debe cambiar con las estaciones.

Puede que nos encontremos comparando nuestro matrimonio con el de nuestras amistades, quienes parecieran tener más “chispa” a su alrededor, o cuyos esposos parecieran ser más románticos que los nuestros. Antes de darnos cuenta, estamos fastidiando a Juan a morir, tratando de cambiar al hombre del que nos enamoramos por uno que nunca será.

¡Y no nos olvidemos de los actos escolares de nuestros hijos y los deportes! La presión de estar en programas acelerados y listas de honores le roba el momento de jugar al escondite a muchos niños hoy día. Nuestros campos de béisbol, softbol y fútbol están llenos de jovencitos y jovencitas quienes se están perdiendo de sus veranos por otro campeonato. Faltando a la iglesia por otro trofeo. Los empujamos. Ellos se empujan a ellos mismos. Y juntos, fallamos en alcanzar el objetivo.

Peleamos por perfeccionarnos a nosotros mismos, nuestros hijos, nuestros esposos, nuestras casas.

Y todos nos volvemos personas miserables, cansadas y quebrantadas.

No es una trampa de la cual se pueda escapar uno fácilmente. Pero si queremos tener una vida abundante, ¡debemos escapar!

Podemos comenzar por recordar esta verdad: que Dios no se impresiona con nuestra manera de lucir o como nos desenvolvemos. Él quiere nuestros corazones (Deuteronomio 10:12).

Corazones que entienden que nuestra perfección sólo se encuentra en Él (Efesios 2:8-10).

Corazones que hacen que Su lista de prioridades sea la nuestra (Salmos 18:30).

Corazones que busquen menos perfección y más en perfeccionar nuestro amor y devoción hacia Él (Salmos 51:10).

Ciertamente hoy me doy cuenta que la perfección es lo que el mundo y Satanás usan para hacerme depender menos y menos de Dios.

Y más y más en la imperfecta, inadecuada persona que soy.

En vez de obtener perfección, el resultado siempre estará por debajo de nuestra meta: Nos convertimos en seres estresados, en necesidad de aprobación, auto-indulgentes, impacientes.

Sencillamente duros para lograr manejar la situación.

A través del Lente de la Gracia de Dios

Nuestras buenas obras y gran desempeño deben ser vistos a través del lente de la Gracia de Dios. Por gracia somos cubiertos cada día con oportunidades, regalos y talentos los cuales nos permiten dar lo mejor de nosotros y ser lo mejor.

Como dijo Dallas Willard “Gracia es Dios actuando en nuestras vidas para lograr lo que nosotros no podemos lograr por nosotros mismos”.

Ciertamente, Dios nunca nos diseñó para obtener perfección sin Él. El punto del evangelio es que somos incapaces de ser perfectos. Todos fallamos; perdemos la meta (Romanos 3:23). Los pecadores necesitan un Salvador y es por eso que Jesús vino. Cuando confiamos en Él, Él perdona nuestras transgresiones, imperfecciones e iniquidades.

Podemos entonces parar de tratar de obtener lo irrazonable, la perfección mundana inalcanzable y descansar en los brazos del que es Perfecto (Mateo 11:28).

Versículos para Meditar:

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, Filipenses 1:6

“Porque separados de mí nada podéis hacer”, Juan 15:5

“En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová”, Salmos 18:30

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