Sumisión… Mi Misión

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El mandato de la sumisión no se trata de poner a la esposa por debajo del esposo, sino de ponerla en el lugar que Dios ha diseñado para ella.

¿A veces no te sucede que te gustaría sacar algún versículo de la Biblia? A mí sí, el primero, este...

Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.” – Colosenses 3:18

Cada vez que lo leo me pasa por la cabeza un “¡Ay!” Y es que el asunto de la sumisión no es fácil, bueno, al menos para mí no lo es en absoluto, porque siempre he tenido un pequeño problema personal con la autoridad. Menos mal que el Señor, en Su misericordia, nos ayuda a ir cambiando y nos transforma cada día más a Su imagen y semejanza.

David Guzik, uno de mis comentaristas preferidos de la Biblia, da una definición extensa y, a mi modo de ver, muy adecuada de lo que es y lo que no es la sumisión. Leerla me ayudó mucho a asimilar este versículo de Colosenses, por eso quiero compartirla contigo hoy:

Estad sujetas

El término traducido como “sujetarse” en griego es una palabra tomada del lenguaje militar. Literalmente significa “estar bajo mando” y habla de la forma en la que un ejército se organiza por medio de diferentes rangos. Hay generales, coroneles, mayores, capitanes, sargentos y soldados. Hay niveles de rango que se deben respetar.

Sabemos que, como personas, un soldado puede ser más inteligente, tener más talento y ser mejor persona que un general, pero aún debe someterse a la jerarquía y ponerse bajo su mando. Del mismo modo, la esposa no se sujeta a su esposo porque éste lo merezca, sino porque es su deber.

La idea de la sumisión, por lo tanto, no tiene que ver con ser más listo, ser mejor o tener más talento. Tiene que ver con una orden directa de Dios. Warren Wiersbe dice que cualquiera que ha servido en el ejército sabe que el rango tiene que ver con el orden y la autoridad, no con el valor ni la capacidad.

La sumisión tampoco implica inferioridad, ni silencio. Separemos la palabra en dos para poder darle un nuevo significado: SU(B) – MISIÓN

Sujetarte a tu esposo implica una misión especial para tu matrimonio. Esa misión es obedecer y glorificar a Dios, algo que es más importante que los deseos individuales. La esposa no se pone por debajo de su esposo, se pone en el lugar que Dios ha diseñado para ella.

La sumisión implica que eres parte de un equipo. Tomándolo así, el esposo es el “capitán” del equipo y la esposa tiene su lugar en relación con el capitán. Del mismo modo, los hijos tienen su lugar en relación al capitán y a su esposa.

A vuestros maridos

Esto define la esfera de la sumisión de la esposa – a su marido. La Biblia no manda ni recomienda una sujeción general de las mujeres a los hombres, pero sí es un mandamiento tanto en el hogar como en la iglesia.

Como conviene en el Señor

Esta es una parte crucial del versículo y le da la perspectiva correcta a cada parte de este pasaje. Es erróneo pensar que una mujer debe someterse a su esposo como si este fuera Dios mismo, sin cuestionamientos ni libertad de pensar, convirtiéndose prácticamente en idolatría. Tampoco es correcto pensar que esto significa que la esposa debe sujetarse sólo mientras el marido haga “la voluntad de Dios”, porque entonces ella se erigiría en juez de lo que la voluntad de Dios es y no es, y se sometería únicamente en aquellas ocasiones en las que estuviera totalmente de acuerdo con el esposo.

“Como conviene en el Señor” no define la extensión de la sumisión de la esposa, sino el motivo por el que ella se somete. Significa “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos porque esa es una parte de tu deber con el Señor, porque es una expresión de sumisión al Señor mismo”. La esposa se sujeta a su esposo simplemente porque es así como conviene en el Señor, porque es una manera de honrar a Dios y Su orden en cuanto a la autoridad.

Por tanto, como conviene en el Señor implica que:

- Para la esposa, estar sujeta a su marido es parte de su vida cristiana.

- Cuando no cumple con este mandamiento no está fallando como esposa, sino como seguidora y discípula de Jesús.

- No tiene nada que ver con su naturaleza o su personalidad. No se espera que la esposa se sujete porque es de tipo “sumiso”, sino porque está obedeciendo a Dios.

- Tampoco tiene nada que ver con la inteligencia, la capacidad ni la espiritualidad del esposo, sino con honrar al Señor Jesús

- No depende de si tu esposo tiene razón o no en algún asunto, sino de la certeza de que Jesús tiene razón en todo lo que dice.

- Una mujer debe ser muy cuidadosa a la hora de escoger a su esposo. Someterse en lo que el Señor espera de ti como esposa, así que en lugar de buscar un esposo atractivo, rico o romántico, busca a un hombre que sepas que vas a poder respetar.

Como en toda relación humana, el mandamiento a la sujeción no es absoluto. Hay algunas excepciones en las que la esposa no debe someterse:

- Cuando el esposo le pide que cometa algún pecado.

- Cuando el esposo está mentalmente incapacitado, loco o bajo la influencia de sustancias que alteren sus capacidades mentales.

- Cuando el esposo es violento y amenaza físicamente la vida de la esposa.

- Cuando el esposo rompe la unión del matrimonio por medio del adulterio.

Creo que con todo esto se aclara un poco más este versículo y adquiere una perspectiva totalmente diferente, ¿no crees? Sujetarte a tu esposo es una indicación de que estás obedeciendo a Dios y Sus mandamientos para tu vida.

Que estás cumpliendo con tu misión divina. 

Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” – Juan 14:15

¿Amas a Jesús? Entonces guarda Sus mandamientos. Todos. Así que, si estás casada, sujétate a tu esposo como conviene el Señor y haz de ello no una obligación pesada, sino tu misión. 

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