Sufrimiento y amor

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Al montarse en la cruz, Jesús eligió la obediencia a Su Padre y la salvación para las personas que amaba.

Jesús les dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí, mientras yo voy a orar.” Se llevó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a entristecerse y angustiarse. Les dijo: “Siento en el alma una tristeza de muerte. Quédense aquí, y manténganse despiertos.” Se fue un poco más adelante y, postrándose en tierra, oró que, de ser posible, no tuviera que pasar por ese momento. Decía: “¡Abba, Padre! Para ti, todo es posible. ¡Aparta de mí esta copa! Pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” – Marcos 14:32-36

Me resulta muy difícil escribir sobre este pasaje. Mi mente y mi corazón están asombrados por el sufrimiento de Jesús y por el gran amor que tiene por nosotros para pasar por todo esto. Su humanidad está en plena exhibición en esta historia. Podemos ver que es plenamente consciente de lo que está por suceder y, como con cualquier ser humano, su cuerpo y su alma se estremecen ante la perspectiva. ¡No es de extrañar que Lucas diga que su sudor era como gotas de sangre que caían al suelo! Y tampoco es de extrañar que Jesús orara: “Aparta de mí esta copa.” Su sufrimiento ya había comenzado.

Pero hay otras cosas para ver. Jesús se llevó a sus amigos con él: Pedro, Jacobo y Juan, los más cercanos a él. No quería estar solo mientras luchaba con lo que estaba por venir. Y cuando oró al Padre, usó el nombre “Abba”, que es el término que un niño usaría para dirigirse a su papá.

Todo esto nos muestra claramente la realidad del sufrimiento de Jesús, al igual que la realidad de la inmensidad de su amor por nosotros. A pesar de la angustia, ora: “Pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” Cuando se trata de sufrir, la mayoría de nosotros nunca tenemos opción: el sufrimiento nos lo imponen las circunstancias de la vida y no nos queda más que afrontarlo. Pero Jesús lo eligió. Eligió la obediencia al Padre que amaba y eligió la salvación para las personas que amaba: para ti y para mí. Su sufrimiento, muerte y resurrección nos han dado vida.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a aferrarme a tu gran amor. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Cuándo has sufrido más?

- ¿Qué cosa buena ha sacado Dios del sufrimiento en tu propia vida?

Por: Dra. Kari Vo

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