Su misión es la sumisión (Parte 2)

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Cuando el hombre y la mujer pueden trabajar en equipo a pesar de sus diferencias, están reflejando al mundo la imagen de Dios.

Vimos en la primera parte que la sumisión no es solamente mandada por Dios, sino que debe ser una decisión que cada una de nosotras haremos por amor a Él. No por miedo, ni por obligación o resignación, sino porque vemos la sumisión bíblica como la sabiduría de Dios. El problema radica en que no confiamos en lo que no entendemos y como Sus pensamientos son mucho más allá que los nuestros (Isaías 55:8-9), Satanás se aprovecha de nuestra ignorancia.

Las tácticas del enemigo no han cambiado desde el jardín del Edén, cuando le dijo a Eva “¿Conque Dios os ha dicho…?” Génesis 3:1. Él sigue distorsionando lo que Dios ha dicho para mantenernos desenfocadas. Y una de ellas es en el significado de la sumisión. “Ezer K’enegdo” son las palabras hebreas dadas a la mujer, pero para entender el significado bíblico y no ignorar las ardides de Satanás, tenemos que ver otros versículos donde “Ezer” también está usado.

La palabra “Ezer” está usada 21 veces en total en la biblia y 19 de ellas es para referirse a Dios, tal y como lo vemos en Deuteronomio 33:29 Dichoso tú, Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvado por el SEÑOR? Él es escudo (“Ezer”) de tu ayuda, y espada de tu gloria.” Obviamente, si Dios es un “Ezer” para Su pueblo, el “Ezer” no es alguien inferior como el príncipe de este mundo nos ha convencido, sino es alguien con mucho valor. La mujer como “Ezer” es una ayuda idónea, alguien parecido al hombre con el mismo valor y la misma inteligencia pero, sin embargo, con dones y habilidades diferentes y por ende un rol diferente.

K’enegdo significa un reflejo, como el que se ve con un espejo. Por lo tanto la mujer fue diseñada para encajar perfectamente con el varón. La palabra para hombre en términos masculinos es “ish” y su raíz es fortaleza, mientras para la mujer es “isha”, porque fue tomada del hombre, y la raíz de esta palabra es suave. Ella, entonces, fue diseñada para trabajar al lado del hombre, completando el trabajo que El Señor le ha asignado. Alguien que le ayuda para ser más fructífero, no alguien que está por debajo de él ni tampoco en competición con él.

Génesis no es el único sitio que nos da una pista de lo que piensa Dios. Proverbios 12:4 nos enseña: “La mujer virtuosa es corona de su marido, mas la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.” La palabra usada para virtuosa es “chayil” y significa fortaleza, capacidad, habilidad, valor, actividad, persistencia, riqueza y energía. Como los dos son uno en el matrimonio (Génesis 2:24), cuando no estamos obrando en el rol asignado por Dios, seremos podredumbre en los huesos de nuestro esposo y estamos derribando nuestra casa con nuestras propias manos (Proverbios 14:1).

Podemos concluir entonces que en las áreas donde ella es fuerte él es débil y donde él es fuerte ella es débil, de nuevo complementando uno al otro. Nosotros fuimos creados diferentes, cada sexo con algunas de las características de Dios, y cuando trabajamos en equipo estamos desplegando al mundo cómo Dios es. Demostramos la gloria de Dios a través de nuestro rol bíblico. Elizabeth Elliot sabiamente había dicho: “El ser una mujer no me hace una cristiana diferente, sin embargo el hecho de ser cristiana, me hace una mujer diferente.”

Entonces Dios ha creado al hombre y a la mujer diferentes para glorificarse, y cuando nos desenfocamos de su plan perdemos la oportunidad de ser Sus embajadores. Cuando nos damos cuenta de que la vida no se trata de nosotras sino de Dios y cuando mantenemos el enfoque en Dios, las tinieblas son espantadas por la luz de Cristo.

Una mujer no creyente no puede participar en la sumisión bíblica y para las creyentes casadas es solamente posible cuando nos enfocamos en Dios, confiamos en Él totalmente y manejamos nuestro rol en una forma bíblica. Lo que Dios nos ha pedido es que, en vez de ser dos personas chocando el uno con el otro debido a las diferencias que tenemos, seamos dos personas enfocadas en Dios, sometiéndose a una cabeza, Jesucristo.

“Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo.” (Efesios 5:22-23).

Dios es grande, Dios es sabio, Dios es por nosotras, y a menos que entendamos que “para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28) no podremos caminar en Su Espíritu.

Espero que cada una de nosotras nos evaluamos para ver si estamos caminando como Él quiere o como Satanás quiere.

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