Somos guerreras

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Nuestras batallas se pelean a través de la dependencia total de Dios y usando Sus armas espirituales de guerra – no por nuestra cuenta o en nuestras propias fuerzas.

Imagínate que eres contratada y reclutada en una unidad táctica de élite del ejército. Estás entusiasmada con este viaje de aventura en el que estás a punto de embarcarte. A medida que comienza, te das cuenta de cuánto tiempo inviertes y de que las horas son ingratas. Las demandas y expectativas son altas. Con el tiempo, se empieza a perder miembros de la unidad. Hacer más con menos hace que tu misión parezca inalcanzable. Comienzas a sentirte inadecuada y abrumada a medida que tienes que ocupar roles que no están dentro de tu conjunto de habilidades naturales. Esta emocionante aventura a la que te suscribiste inicialmente no ha cumplido con exactitud tus expectativas.

Esta es la experiencia de muchas mujeres cristianas. Comenzamos nuestro viaje con el Señor en el fuego ardiente… con pasión y entusiasmo por Dios y tu plan para este mundo. Sin embargo, con el tiempo, la vida pasa.

Nos cansamos.

Nos agotamos.

Estamos al límite.

Damos tanto de nosotras que nos olvidamos de, en primer lugar, darnos a nosotras mismas a Dios. Experimentamos tragedia, heridas, traición y decepciones. La vida a menudo nos lleva a olvidar el llamado de Dios para nosotras.

Este mundo es nuestro campo de batalla.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” – Efesios 6:10-13 

Pablo escribe a la iglesia de Éfeso para que aumenten su pasión por Dios. Jesús describe a los efesios como trabajadores, perseverantes y que han sufrido muchas dificultades por Él. Sin embargo, los reprende por haber dejado su primer amor (Apocalipsis 2: 2-4). Cuando perdemos nuestra pasión y enfoque, Pablo nos da tres recordatorios en Efesios 6:

1. La vida cristiana es un campo de batalla, no un patio de recreo 

Dios deja claro en Su Palabra (Mateo 10:22; Juan 15:18) que los creyentes tendrán que luchar por imitar a Jesús en un mundo perdido que lo odia. En nuestro día de la salvación, Dios nos dio una nueva vida, pero eso no quiere decir que debamos esperar sin hacer nada hasta que Jesús regrese. Debemos compartir las Buenas Nuevas de Jesús. Debemos derramar nuestro amor, gracia y misericordia. Debemos demostrar piedad a nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo. La lucha es real. ¿Estás en la batalla o en los columpios?

2. Nuestro principal enemigo es Satanás 

A pesar de que batallamos con la gente, Pablo nos recuerda que nuestro último enemigo no es de sangre y carne. El objetivo de Satanás es entorpecer la Palabra de Dios para desalentar la salvación y para destruir nuestro testimonio. Satanás fomenta la falta de armonía, la discordia y la división en nuestros matrimonios, hogares y lugares de trabajo. Cuando nos negamos a perdonar y permitimos que la ira reine en nuestros corazones, terminamos luchando contra las mismas personas que Dios quiere alcanzar a través de nosotras. ¿Estás representando a Dios o a Satanás?

3. Sin Dios, la batalla no se puede ganar 

En la batalla espiritual, no se deben utilizar armas físicas. Los versículos 14-18 describen la armadura de Dios. Dios nos ha provisto de armas defensivas y ofensivas, poderosas armas para hacer la guerra por medio de Él y en Su fuerza.

Nuestra lucha se realiza a través de la dependencia total de Dios y usando Sus armas espirituales de guerra – no por nuestra cuenta o en nuestras propias fuerzas. ¿Estás luchando con las armas de Dios o con las tuyas propias?

En el estudio de la vida de David, aprendemos cómo utilizó la fe, la obediencia y las armas de Dios para derrotar a sus enemigos. Cuando luchamos por Dios, tenemos todo el Cielo a nuestro favor. La fuerza de Dios es absolutamente perfecta en nuestra debilidad.

La batalla está aquí, ya sea que estemos dispuestas a luchar o no. La falta de preparación, la falta de interés y la falta de disposición no es una opción. ¡Somos guerreras!

Dios Padre, gracias por el privilegio de permitir que las persones imperfectas lleven a cabo tus planes perfectos. Señor, renueva nuestra pasión y resistencia para la batalla. Ayúdanos, Señor, a andar dignas de nuestro llamado. En el nombre de Jesús. Amén.

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