Somos el pueblo de Dios

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Nuestra identidad – y por ende nuestra conducta – no la debe determinar nuestro pasado o lo que creamos de nosotros mismos.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…” – 1 Pedro 2:9

Todas tenemos un pasado y esas historias nos moldearon para ser las personas que somos ahora. Y a pesar de que son extremadamente diferentes, hay un común denominador y es que esas historias fueron la base para las creencias que tenemos de nosotras mismas. Nos movemos ya sea para triunfar o fallar. Lo que creemos de nosotras mismas nos permite determinar nuestra conducta, es por eso que no podemos permitir que las mentiras, las heridas y el dolor de nuestro pasado determinen cómo actuamos hoy.

Cuando somos reconocidas por una figura superior, hay algo dentro de nosotras que nos da satisfacción, paz y dicha. Y sabes que es lo mejor de todo… ¡Que el Señor es esa figura superior QUIEN nos reconoce! No hay nadie más.

Él es nuestro Creador, el Único a quien debemos escuchar y dejar que transforme nuestros corazones, nuestras mentes.

En el segundo capítulo de 1 Pedro, él nos comparte lo que Dios dice de nosotras. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;” – 1 Pedro 2:9 (RVR1960)

En este versículo, Pedro nos está diciendo quiénes somos en Dios …

1. “Linaje Escogido” – Eres escogida y aceptada.

Somos motivadas por la aprobación, porque nos gusta sentirnos aceptadas. Cuando somos aceptadas, nuestra autoestima se levanta. ¡Ese sentimiento maravilloso se levanta! Sin embargo, no siempre somos aceptadas y nuestras inseguridades, incapacidades y carácter se atraviesan en el camino. Y sin embargo, Dios nos acepta tal y como somos. No hay condiciones, Él simplemente te AMA, y te acepta así como eres. 

¿Por qué? Él te creo. Eres Suya. Eres Su escogida.

2. “Real Sacerdocio” – Estás capacitada.

Tenemos acceso directo a Dios. Siempre. ¡Qué glorioso! No tenemos que usar intermediarios para ir a Él. Le pertenecemos, y como seguidoras de Jesús, nos ha confiado que seamos Sus manos y pies, y que sirvamos a aquellos en necesidad. Y estás capacitada porque eres Suya.

Bill Hybels dijo una vez: “No me gustaría llegar algún día con una mano suave, sin callos – una mano que nunca se ensució al servir – a tocar las manos atravesadas por los clavos de Jesús”.

3. “Un pueblo para Su posesión” – Eres valiosa.

Las Escrituras dicen: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” – 1 Corintios 7:23 (RVR1960). 

Jesús pagó el precio más alto por ti, porque Él te ama profundamente. ¡SÍ, A TI! El precio que pagó no fue en vano. Le costó la vida. La cruz demuestra su valor. Así que cuando permites que tu propio valor sea juzgado por las cosas de este mundo, estás devaluando el costo de tu vida y el amor que tu Salvador tiene para ti. Él vino a rescatarte porque eres Su más preciado tesoro.

4. “Pero ahora eres el Pueblo de Dios” – Eres perdonada.

No hay nada que pueda afirmar el valor y la autoestima que el saber que eres perdonada. Cuando llegamos al Señor con nuestros pecados, Él los borra, los olvida y nunca nos los repetirá una y otra vez, como lo hacemos en nuestra mente. 

Dios simplemente los trata como que ya no existen. ¡QUÉ LIBERTAD!

El Señor se conmueve cuando vamos a Él pidiéndole un nuevo comienzo. ¡Él nos perdona inmediatamente porque nos ama! Aunque esto puede sonar simple y de alguna manera incomprensible, es verdad. Su Palabra dice que si confesamos nuestros pecados, Él nos perdona. Amigas, ¡esa es la gloriosa misericordia de Dios! 

Somos aceptadas, valoradas, amadas y perdonadas debido a lo que el Señor ha hecho. 

¿Y ahora qué? Él nos pide que vayamos a todas las naciones y proclamemos Su bondad y misericordia. Para ser luz en la oscuridad. 

“…para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” – 1 Pedro 2:9  

Por Vanessa Warren

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