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Sin mancha e irreprensible

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¿Cómo se traduce en tu vida diaria el que hayas sido redimido del pecado?

Y aunque ustedes antes estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en malas obras, sin embargo, ahora Dios los ha reconciliado en Cristo en Su cuerpo de carne, mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él. Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio que han oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo, y del cual yo, Pablo, fui hecho ministro (servidor). – Colosenses 1:22-23 (NBLH)

“Estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en malas obras”… ¡Wow! Esto sí que es fuerte, ¿no? Cuando leo estas palabras me vienen a la mente imágenes de criminales que cometen actos brutales, sinvergüenzas que hacen todo tipo de mal, cuyas mentes están en contra de las cosas buenas y piadosas; sí, sin duda ellos están ‘alejados y tienen el ánimo hostil’.

Pero la triste verdad es que esa descripción nos cabe a todos. Para que no lo olvidemos, aquí está el sobrio recordatorio del apóstol Pablo: “¡No hay ni uno solo que sea justo! No hay quien entienda; no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido. No hay quien haga lo bueno, ¡no hay ni siquiera uno!” (Romanos 3:10b-12), y “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Pero no tiene que ser así. Dios es el gran Reconciliador. Junto con los creyentes en Colosas que se aferran a la verdad, Pablo dice que nuestro estar alejados y con ánimo hostil ha terminado. Ya no somos más lo que “alguna vez fuimos”. Despojados de nuestras manchas y beligerancia, Dios nos ofrece una liberación total a través de la fe, un nuevo estatus como pueblo de Dios ahora presentable a través de la obra suficiente de Cristo en la cruz.

Esta es la gracia que Dios el Padre nos ofrece a ti y a mí. Es un mensaje de esperanza para nuestra transformación y un perdón divino para nuestros pecados. Independientemente de la vida que hayamos vivido o de las cosas que hayamos hecho, Jesús cargó todo a la cruz, lo enterró en la tumba y triunfó sobre ello en su resurrección. Nadie está fuera del alcance del amor de Dios. “Vengan ahora y pongamos las cosas en claro. Si sus pecados son como la grana, se pondrán blancos como la nieve. Si son rojos como el carmesí, se pondrán blancos como la lana”(Isaías 1:18).

Jesús ha hecho esto posible. Él está listo para presentarte “santo, sin mancha e irreprensible” ante Dios Padre. Él nos dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entra, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas” (Juan 10:9-11).

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por hacernos santos a través de la fe en tu amado Hijo. En su Nombre oramos. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿De qué manera había sido el Evangelio “proclamado a toda la creación debajo del cielo” en tiempos de Pablo?

2. ¿Cómo se traduce en tu vida diaria el que hayas sido redimido del pecado?

Por: Paul Schreiber

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