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Sigue soñando

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Dios nos ha dado nuestros sueños, y mientras se cumplen, Él trabaja con ellos para que estén listos para salir en el momento indicado.

Y había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús le trajeron para cumplir por El, el rito de la ley.” – Lucas 2: 25 - 27 LBLA

“«Según tu palabra, Soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz. Porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». El padre y la madre del niño se quedaron maravillados por lo que se decía de él. Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre de Jesús: «Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición, a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones. En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma»” – Lucas 2: 29-35 NVI

Después de escuchar el devocional, medita en los siguientes puntos:

Esta mañana me levanté pensando...

…en cuál es el mejor momento para soñar. Todos hemos tenido sueños, pero muchas veces por lo que sucede a nuestro alrededor pensamos que no vale la pena seguir soñando.

1. Dios tiene guardados nuestros sueños en una incubadora. Lo único que nosotros debemos hacer es esperar; el sueño nunca muere estando allí, solo está siendo procesado mientras llega el tiempo de salir a la luz.

2. El momento propicio para soñar es cuando todo está oscuro y estamos en crisis, cuando no hay nadie que nos anime y todo parezca estar en nuestra contra. El tiempo y la ocasión se convierten en el momento oportuno de Dios para volver a soñar, aún cuando hemos dejado de hacerlo.

3. Dios ha dado promesas en las cuales hemos creído y orado por ellas, pero muchas veces ignoramos que nuestra oración lleva cada promesa a una incubadora llamada proceso.

4. Como nos enseñó Simeón, la clave principal para no perder el tiempo y aprovecharlo sabiamente es ser guiados por el Espíritu Santo. Él es quien nos mueve y nos direcciona al tiempo oportuno y a la ocasión exacta.

5. Cuando estamos en el lugar correcto, con la gente precisa y en el tiempo indicado, podemos vivir momentos emocionantes, no solo como el de Simeón, sino que nuestro corazón podrá estar atento para recibir en el tiempo justo cada palabra que venga de parte de Dios.

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