Siendo auténticas

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Así como los salmistas, Dios nos da la libertad de expresar nuestras emociones sin tener que aparentar.

En su libro “Abrazados por el Espíritu”, Charles Swindoll, uno de mis autores favoritos, escribe:¿Quieres impactar en la vida de alguien que aún no ha recibido a Cristo?  Entonces sé real. Los desarmarás más por tu autenticidad y no por una mera historia de un milagro.

La gente no busca lo sorprendente; ellos buscan lo auténtico. Si vives esta clase de autenticidad, ellos querrán saber cómo lo haces, porque no pueden vivir de la misma manera. La única forma de explicarlo es destacar el Espíritu de Dios que mora en ti y que está en control de tu vida”  [Traducción propia].

El libro de los Salmos es un compendio de poemas o canciones que llevan impregnado el sello de autenticidad e individualidad de sus diversos autores (David escribió 73, Asaf 12, Los hijos de Coré 9, Salomón 2, Hemán, Etán y Moisés 1 cada uno, y hay 51 anónimos).

Los Salmos reflejan la honestidad, el sentimiento y las emociones de quienes los escribieron.  Son canciones de alabanza a Dios reconociendo, agradeciendo y expresando Su grandeza. Muchos son oraciones de confesión y de pedir perdón, otros son de gratitud, otros hablan de la confianza que tenemos en Él, mientras que otros reconocen Su poderío y soberanía.

Diferentes autores, muchos de distintas épocas, pero todos teniendo el común denominador de tener la libertad de expresar tácitamente lo que sentían en sus corazones.

Y es que en la vida cristiana tendemos a defender el postulado de que “cristiano mata a auténtico”. Pensamos que nos está vedado el derecho a llorar en la congregación cuando un mensaje o una canción toca nuestro corazón, o acaso ni nos atrevemos a cerrar nuestros ojos, alzar nuestras manos y darle a Dios la honra y gloria de la cual es merecedor.

Olvidamos que al igual que estos salmistas somos seres humanos con derecho a expresar nuestra queja, indignación, decepción, sensación de derrota y frustración en momentos en los que las cosas no hacen ningún sentido en nuestras vidas. Olvidamos que tenemos la libertad de “entrar confiadamente al Trono de la Gracia para encontrar el oportuno socorro”, (Hebreos 4:16), cuando sabemos que estamos en falta.

Enfatizamos en el estudio de eventos históricos, el cumplimiento de las leyes, mandamientos, doctrinas y nos apasionamos con profecías… pero ¡olvidamos ser nosotras mismas!

¡Me alienta saber que por algún motivo el libro de los Salmos, junto a otros libros poéticos, ocupan un lugar en las Escrituras!  ¡Me alienta también recordar que uno de sus autores principales fue un hombre “conforme al corazón de Dios”! (Hechos 13:22), y me pregunto: ¿será que acaso Dios tendrá también un corazón de Salmista?  ¡Aleluya!

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