Siempre acompañadas

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El Espíritu Santo cumple en nosotros la misma labor que hizo con Jesús.

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”, Juan 14:16

Cada aspecto de la obra de salvación fue previsto por Dios desde la eternidad pasada, hasta en su más mínimo detalle. En Dios no hubo improvisación ni nada le tomó por sorpresa. Todo fue meticulosamente planificado para que se desarrollara exactamente como Él lo había determinado: la rebelión de Satanás, la entrada del pecado en Edén, la caída del hombre, la elección de Israel como el pueblo de la promesa, el nacimiento virginal de Cristo, la consumación de su obra redentora por medio su muerte en la cruz, la venida del Espíritu Santo, etc, etc, etc.

Así que, al tener que partir Jesús de este mundo para sentarse a la diestra de Dios después de su resurrección, ya el Señor había previsto su ausencia y la forma en que habría de llenar ese vacío espiritual que dejaba a sus discípulos, incluyendo la manera en que Jesús supliría la realidad de su presencia por medio del Espíritu Santo (Juan 16:7). En Juan 14:17-18 Jesús dice: “El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.

De modo que Cristo prometió acompañarnos siempre, y lo cumple por medio de Su Espíritu; nunca nos deja solas. Es más, ahora por la habitación del Espíritu en nuestros corazones, Jesús está no solo con nosotras sino en nosotras.

El Espíritu Santo estuvo con Jesús en el desierto de la tentación (Lucas 4:1-2) y nunca se apartó de él aun cuando fue abandonado por sus discípulos. Fue además dirigido y resucitado por el poder del Espíritu (Romanos 1:4) y es el Espíritu quien da testimonio de él (Juan 15:26). Pues, de igual manera hace el Espíritu Santo con nosotras… jamás nos abandona, nos dirige, toma lo que es de Cristo y nos lo hace saber (Juan 16:14), y nos controla y da poder en cada aspecto de nuestra vida. La gran promesa de Cristo de que Él “os dará otro consolador para que esté con vosotros para siempre” fue real y sigue vigente. Él nunca nos abandona.

Oración: ¡Que gran consuelo es saber que siempre estamos acompañadas! Que tenemos otro Consolador que está con nosotras y en nosotras para siempre. Gracias Padre, en el nombre de Jesús, amén.

 

Por Carmen García de Corniel

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