Siéntate y descansa. Jesús lo hizo, de una vez y para siempre.

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Es hora de que dejemos de lado lo viejo y comencemos a vivir en la libertad de lo nuevo.

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”- Hebreos 9: 24-28

Veo que caminas por la calle con la cabeza bien baja. Eres la chica que no puede perdonarse a sí misma por ese estúpido error; ese momento de debilidad cuando bajaste la guardia hace tantos años ya.

Te he visto ajetreada en la cafetería, llevando el peso del mundo sobre tus hombros. Eres la chica que no puede olvidar el dolor que ha causado; las relaciones que estropeaste; el dolor que queda.

Te he visto ocultándote en el campus universitario, evitando que tus ojos se crucen con los míos. Eres la chica que no se siente digna de mirar hacia arriba debido a la vergüenza que todavía tiene.

Te he visto luchando sentada junto a mí, con lágrimas que surgen como un reloj semana tras semana; sermón tras sermón. Eres la chica que no puede aceptar que hay un Dios que sabe todo sobre ti, y aún así te ama y te ofrece perdón de una vez por todas.

Estaba allí.

Yací en mi cama como una niña, pidiendo perdón por la misma falta una y otra vez porque no creía que podría ser verdad. Luché los recuerdos del pasado, los errores del pasado, compromisos del pasado, pensamientos del pasado, los motivos anteriores. Me obsesioné por lo que no podía cambiar, y trabajando nerviosamente para reemplazar la vieja yo con una versión mejor de mí. Pasé noches pensando, practicando, orando para que pudiera haber una posibilidad de que mientras más entregue, mas sería eliminado.

Agotada. Insuficiente. Nunca conseguido.

Los sacerdotes del Antiguo Testamento deben haberse sentido de esta manera. “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados” (Hebreos 10:11).

En pie. Siempre repitiendo. Sin descansar. Nunca resuelto.

[Antes de Cristo, la ley pedía animales para el sacrificio de pago por el pecado. Pero todo era temporal e incompleto. Otro pecado cometido significaba otro animal sacrificado. Que recordatorio constante, mordaz del ciclo interminable de nuestro estado caído. Y qué imagen tan necesaria, descriptiva de nuestro Rey que viene…] 

Suficiente.

Siéntate y descansa, tú que estás cansada. Jesús lo hizo, de una vez y para siempre.

Nos esforzamos y nos esforzamos al margen de Dios, con falta de alegría y luchando para vivir en un mundo opuesto al mundo para el que fuimos creadas – olvidando que nuestro Salvador ha llegado. Es hora de que dejemos de lado lo viejo y comencemos a vivir en la libertad de lo nuevo:

Había en un tiempo muchos sacerdotes. Ahora Cristo es nuestro único todo suficiente Sumo Sacerdote.

Había en un tiempo muchos sacrificios. Ahora Cristo es el único sacrificio que se encargó de nuestro pecado de una vez por todas.

Había en un tiempo el recordatorio constante y el peso de la ley. Ahora Cristo ha ofrecido el perdón completo a través de Su abundante liberadora gracia.

Había en un tiempo aquellos que se plantaban y se esforzaban. Ahora Cristo está sentado a la diestra de Dios como nuestro abogado, a la espera para defendernos.

Hoy puede ser diferente,  porque Jesús vino y cambió todo

Siéntate y descansa, tú que estás cansada. Jesús lo hizo, de una vez y para siempre.

Por Whitney D.

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