Será salvo

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Invocar a Dios es la llave que abre la puerta de la esperanza. Utilízala hoy.

“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo”, Joel 2:32

En la Biblia la salvación es la acción que libra de un peligro y pone a alguien en lugar seguro. Sin duda tiene una aplicación directa al perdón del pecado y a la vida eterna. Pero no siempre es librar de la condenación, sino librar de un peligro o restaurar de una dificultad que supera las fuerzas humanas. Este versículo es el gran recurso de aliento que todos necesitamos.

¿Estás atravesando por una situación difícil? ¿Has probado todo y no encuentras salida? Entonces debes seguir lo que abre la puerta de la esperanza: "Todo aquel que invocare". Invocar es el verbo que se usa en la Biblia para referirse a la búsqueda de Dios en oración. En este caso expresa la idea de clamar para ser liberado de la opresión. ¿Estamos practicando esto? ¿Dedico tiempo cada día para invocar a Dios? ¿Llevo mis cargas y problemas a Él? Solo así podrá cumplirse la promesa que sigue: “Será salvo”.

No se trata de una posibilidad, sino de una realidad, porque es el compromiso divino con Su promesa. No es un tal vez será salvo, sino que lo será verdaderamente. No se trata de un esfuerzo personal para alcanzarla, ni de alguna obra piadosa para lograrla, Dios la otorga incondicionalmente y, como don divino, es irrevocable.

Me pregunto: ¿Seré librado de mi carga si le invoco? Esta es la respuesta del Señor: “al que a Mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Nadie que clame dejará de ser oído por el Salvador. No importa mi condición personal: “todo aquel”. Sí, entonces yo estoy incluido en la promesa. Sé que Dios no hace acepción de personas. No hay privilegios en cuanto a esto. La seguridad se afirma porque Jesús me invita: “Venid a mí todos los que estás trabajados y cargados” (Mateo 11:28). Sólo tengo que sentir mi carga y acudir a Él.

Todavía hay algo que debo apreciar en el versículo: “será salvo”. Quiere decir que no seré yo quien me libre a mí mismo de mi situación, lo hará Dios o no seré salvo de ninguna otra manera. No hay opción en esto, sólo Dios, nadie más que Él, para que la gloria sea solo suya.

El humanismo trata de hacerme creer que Dios cumplirá una parte de Su promesa, pero yo tengo que hacer algo para alcanzarla. Nada puedo hacer para ser salvo de mi pecado y nada podré hacer para ser salvo de mis conflictos cotidianos. Dios no comparte su gloria de salvación con nadie. La Biblia es firme: “La salvación es de Jehová” (Salmo 3:8). Ese es el seguro aliento que brota del versículo, esta es la absoluta certeza: “Todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo”.

Este es mi privilegio y esta es mi responsabilidad. No debo seguir sentado al borde del camino sintiendo mis problemas, cargado con mis aflicciones, llorando y lamentando mi situación. Es la hora de comenzar a andar en el camino de la promesa: “Todo aquel que invocare”.

Oración: Señor, doblo mis rodillas ahora mismo y de corazón derramo mi súplica delante del trono de la gracia, para recibir el oportuno socorro. No puedo confiar en los hombres y mucho menos en mí mismo, así que “invoco ahora el nombre del Señor y seré salvo”, amén.

Por: Samuel Pérez Millos

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