Seguir a Cristo sin importar el precio

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Ganamos mucho más cuando rendimos nuestra voluntad a la de Cristo, porque Él mismo es nuestro mayor tesoro.

“Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo…” – Marcos 1:20

“Seguir a Cristo es más que asentir con la cabeza, levantar una mano, firmar una tarjeta o repetir una oración – aunque algunos que llegan a Cristo puede que hagan una de estas cosas. Seguir a Cristo no es regresar a la vida como si nada, siendo la única diferencia que ahora nos vamos al cielo. Seguir a Jesús es abandonar la confianza en nosotros mismos, rendir todo lo que somos y todo lo que tenemos a Él. Esto, y nada más, es ser discípulo.” – Randy Alcorn

Antes de tomar un largo viaje, me pongo en fase obsesiva. No solo atiendo a lo que es necesario; de repente me pongo a organizar armarios, a planchar pilas de ropa que han estado allí por semanas o a limpiar rincones de mi casa que raramente se limpian. Todas las tareas que habitualmente ignoro de repente se convierten en una prioridad cuando pienso en lo que dejaré detrás. ¿La parte triste de este extraño fenómeno? Hay un intercambio costoso. A menudo estoy tan atada al aquí y el ahora que sacrifico el gozo de lo que está por venir.

Si Santiago y Juan están entre los discípulos que inmediatamente siguieron a Jesús, yo soy la discípula que duda.

Cuando se trata de seguir a Jesús, a menudo me resisto a una nueva dirección si eso significa dejar las comodidades por lo desconocido. A menudo sopeso el sacrificio antes de decir que sí al servicio. A menudo me siento intimidada por la multitud y me echo atrás cuando sé que Él me está llamando a hablar. A menudo me encuentro tan apegada al aquí y al ahora que sacrifico el gozo incomparable que viene de seguir a Cristo de manera íntima e inmediata.

Pero Santiago y Juan no dudaron.

Jesús los llamó y, en medio de sus relaciones, responsabilidades y vida, dejaron todo lo que tenían y le siguieron. No hubo preparaciones de último minuto, no hubo persuasión dramática ni obsesiones con la agenda personal ni se amarraron al pasado. Yo quiero seguir así también.

Estoy maravillada por la definición de esta palabra y de cómo se relaciona con mi caminar con Cristo:

In-me-dia-ta-men-te

1. De una; instantáneamente

2. Sin que intervenga tiempo o espacio.

Esta es una de las cosas que he comprobado en mi vida una y otra vez: la medida en la que estoy dispuesta a seguir a Jesús es directamente proporcional con la proximidad de mi relación con Él en ese momento. Santiago y Juan fueron tenaces en seguir a Jesús porque creían que Jesús era quien decía que era. Aunque aún tenían mucho que aprender, confiaban en que seguir a Jesús era más grande que cualquier otra cosa que el mundo tuviera para ofrecer. No solamente confiaron, sino que fueron transformados por el hecho de estar en Su presencia. Cambiados sin duda, dejaron todo lo que tenía el potencial de interponerse entre ellos y una relación rendida con Jesús.

Un encuentro real con Jesús lo cambia todo.

¿Y tú?

¿Dónde dudas ir?

¿A qué dudas renunciar?

¿Con quién estás dudando hablar?

Quizás esas dudas – sea lo que sea que te está deteniendo a la hora de rendirte en seguir a Cristo – han sido alimentadas por ídolos de este mundo que han tomado sutilmente el trono de nuestros corazones. Pero cuando estamos saturados de Su Palabra e intencionalmente buscamos Su presencia, el poder transformador de Cristo en nosotros es innegable. Renunciar no parece tan costoso después de todo. Nuestra confianza en Su autoridad y en Su bondad toma nueva altura. En rendir nuestra voluntad a la Suya ganamos mucho más… porque Jesús mismo es nuestro mayor tesoro.

Jesús les dio después a Santiago y a Juan el nombre de hijos del trueno, y veremos cómo su discipulado apasionado volvió el mundo de arriba abajo para Cristo. Como parte del círculo íntimo de Jesús, aprendieron cómo canalizar sus personalidades y crecieron en humildad, misericordia y servicio. Santiago sería el primero de los doce en ser martirizado por su fe. La transformación radical de Juan resultaría en ser conocido como el apóstol del amor y aquel a quien Jesús pidió que cuidara de Su madre durante la crucifixión.

Ellos siguieron a Cristo sin importar el precio… y todo comenzó con un “sí”.

¿Dónde necesitas TÚ rendirte y decir “sí” a Su llamado hoy?

“Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron” – Marcos 1:20

He decidido seguir a Cristo. No vuelvo atrás, no vuelvo atrás…

Por Whitney D.

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