¿Se puede perder una posición de liderazgo? (Parte 1)

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A diferencia de la salvación, en el liderazgo hay calificaciones personales, y por lo tanto es algo que sí se puede perder.

La salvación es eterna y por ende no se pierde, porque según Efesios 1:4 fuimos elegidos antes de la fundación del mundo, mucho antes de nacer, aun antes de hacer cualquier cosa buena o mala. Por esto no depende de nosotros sino totalmente de Dios quien es perfecto, fiel y soberano. Nuestros pecados no cancelan nuestra salvación, porque nunca dependía de ellos, sino de la elección de Dios quien tiene la capacidad de mantenernos hasta el final con el sello del Espíritu Santo y presentarnos donde El Padre sin mancha.

Muchas veces oímos personas decir que esto no es justo. Y realmente si Jesús no hubiese muerto en nuestro lugar, ellos estarían en lo correcto, sin embargo como Él pagó nuestra deuda, estamos hablando sobre Su misericordia y no Su justicia. Sin embargo, es importante recalcar que la salvación no es una licencia para vivir vidas pecaminosas, sino es un llamado de caminar en santidad dentro de un mundo de tinieblas para resplandecer la luz de Cristo a un mundo cegado por el príncipe del mismo (2 Corintios 4:4-6).

El liderazgo también es un llamado de Dios. Sin embargo, a diferencia del llamado de la salvación, hay calificaciones personales, y entonces es algo que sí se puede perder. Sabemos que el liderazgo bíblico ha sido dado a los hombres, sin embargo las mujeres tienen posiciones de liderazgo, trabajando en sumisión a ellos y apoyándolos en la visión que Dios les ha dado. Con esto en mente, la mayoría de los ejemplos bíblicos de liderazgo son masculinos, sin embargo los principios bíblicos aplican a las mujeres líderes también.

Sabemos que es posible perder la posición porque Pablo mismo dijo en 1 Corintios 2:27 golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.” Para discipular a un líder joven y para evitar malos testimonios en la iglesia, Pablo instruyó a Timoteo en cómo elegir los líderes y pastores que iba a dirigir: “irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad” (1 Timoteo 3:2-4). Aunque esta lista incluye algunas características exclusivas a los hombres, hay principios que aplican a las líderes también.

Con todo lo dicho, es obvio que el liderazgo depende de su caminar con El Señor. Una líder, que se encuentra no calificada durante el oficio por elección equivocada o porque se apartó de Dios en su caminar, puede perder la posición. Si no fuera así, Pablo no hubiera dicho de cuidarse para no descalificarse. La historia de David y Saúl son ejemplos que tipifican no solamente la pérdida de la posición sino la respuesta del líder a la crisis confirmando o negando el llamado.

Escucha lo que El Señor dijo a Saúl a través de Samuel: “Has obrado neciamente; no has guardado el mandamiento que el SEÑOR tu Dios te ordenó, pues ahora el SEÑOR hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre. Pero ahora tu reino no perdurará. El SEÑOR ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón, y el SEÑOR le ha designado como príncipe sobre su pueblo porque tú no guardaste lo que el SEÑOR te ordenó” (1 Samuel 13:13-14). La respuesta del rey Saúl con el anuncio fue ignorar lo que El Señor anunció y seguir como si nada había pasado, por lo que perdió no solamente su oficio sino el legado de su familia para siempre.

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