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Sazonados con luz

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¿Cómo puedes ser "sal" para la vida de alguien y "luz" para su mundo oscuro?

»Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo volverá a ser salada? Ya no servirá para nada, sino para ser arrojada a la calle y pisoteada por la gente. »Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa. De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos. – Mateo 5:13-16

Si alguna vez has hecho una dieta sin sal, sabes que la falta de sal afecta el sabor de los alimentos. Sin sal, muchos alimentos que normalmente son agradables al paladar se vuelven insípidos.

La sal se consideraba una mercancía tan importante en el mundo antiguo, que el puesto de "guardián de la sal" en los banquetes reales tenía un alto prestigio. Y en el mundo antiguo, la sal se usaba como medio de intercambio. La sal era, literalmente, dinero.

La sal no solo agrega sabor a los alimentos insípidos, sino que también conserva los alimentos que de otra forma se echarían a perder muy rápidamente. Pero una vez que la sal no "sala", que pierde su sabor y poder conservante, en lugar de ser de gran valor, se descarta.

"Tú eres la sal de la tierra", dijo Jesús. ¿Qué tiene que hacer un cristiano para ser la sal de la tierra? ¿Cómo agregamos palabras sazonadas con el Evangelio a nuestras conversaciones? ¿Cómo podemos "salar" más eficazmente nuestras conversaciones en el trabajo, en casa y en los lugares donde pasamos el rato?

Jesús también nos habla de la luz. Sin ella, la oscuridad nos gobierna y nos cuesta hacer las cosas más simples. La luz en la noche es un paisaje agradable del mundo antiguo. La luz era proporcionada por el parpadeo de las lámparas de aceite o las fogatas. Su iluminación disipaba la oscuridad y permitía que la vida continuara, incluso después del anochecer.

“Ustedes son la luz del mundo”, dijo Jesús a sus discípulos. Luego agrega una frase un tanto reveladora: "Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder". En una palabra, los cristianos deben brillar, ser luz para otros. En la oscuridad de un mundo cada vez más perdido, tu fe debe ser visible para todos.

Entonces, ¿cómo podemos ser luces para que otros puedan ver? ¿Qué oportunidades tenemos para ser luz para el mundo? ¿Cómo podemos bendecir a otros con siendo sal?

La próxima vez que reflexiones sobre la salvación que tienes gracias a la vida, muerte y resurrección de Jesús, piensa en cómo eso puede ser "sal" para la vida de alguien y "luz" para su mundo oscuro.

ORACIÓN: Padre celestial, recuérdanos que somos la "sal de la tierra" y la "luz del mundo", siempre apuntando a nuestro Salvador Jesús. En su nombre oramos. Amén.

Preguntas de reflexión:

1. ¿En qué formas concretas podemos los cristianos ser la "sal de la tierra" y la "luz del mundo"?

2. ¿Puedes recordar momentos en los que podrías haber sido más “salado” y más “brillante” en tu relacionamiento con otros?

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