Satisfacciones incorrectas

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Una cosa es tomar decisiones que nos favorecen y otra es tomar decisiones que nos satisfacen.

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”, Santiago 1:5

A veces tomamos decisiones que nos satisfacen.

Los niños suelen tomar muchas decisiones que parecen buenas y divertidas, solo para encontrarse después con un tropezón, o con el regaño y la disciplina de los mayores.

Así también nosotras como adultas procedemos como niñas, tomando decisiones que en el momento nos satisfacen, pero que luego nos cuestan mucho, acarrean dolor, graves consecuencias, años de tormento, un mal testimonio, dolor a otros y la medida disciplinaria de Dios.

Pero… ¡que bueno es que Dios nos corrige! Él no tendrá por inocente al culpable, ni se amistará con nuestros pecados, sino que por Su grande amor nos disciplina para nuestro bien. Esa disciplina y medida correctiva se hace necesaria para prevenirnos de males mayores, enderezar nuestros caminos, hacernos rectificar y dar justa retribución al que mal procede. De no ser así, andaríamos acabando con todos a nuestro alrededor procediendo igual que las personas del mundo y jamás aprenderíamos la lección para que nos vaya bien y agrademos a Dios.

Amadas, que como Maestras del Bien no nos dejemos llevar de los placeres engañosos, sino que  pensemos en las consecuencias de nuestras acciones antes de tomar una decisión.

Oración: Padre mío, perdóname. Verdaderamente hay satisfacciones que no nos convienen. Ayúdame cada día a tomar más consciencia del testimonio que brindo a otros y a buscar satisfacción en aquellas cosas que bendicen tu nombre y edifican mi vida y la de otros. En el nombre de Jesús, amén.

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